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lunes, 19 de junio de 2017

Nuevo capitulo

Leyendas urbanas de Perico
Hoy: La ruta
Hola, quiero confesar que nunca fui creyente, hasta que me paso lo que a continuación te voy a relatar. Tuve en toda mi vida un solo evento y pensaba en contártelo hace tiempo, pero no me animaba. Hasta hace unos pocos días en los que un compadre me recordó de otra cosa que nos pasó y ahí sí, recién me anime a escribirte.
Pero primero te comento lo que me paso en compañía de mi compadre. Una noche, en plena ruta, cerca de las Pampitas nos volvíamos de una diligencias que teníamos que realizar, yo estaba medio cansado y calculo que mi cumpa también, no habíamos bebido como para decir que fue producto de nuestra imaginación. Veníamos charlando, cosa de no dormirnos o tener algún descuido y protagonizar un accidente.
En un momento dado, mi cumpa agacha la cabeza como buscando algo en el piso del auto, yo solo miraba la ruta, nos habíamos quedado ya sin temas para la charla. Lo mire solo por un instante, juro que solo fue un segundo, apenas levante la mirada para ver la ruta pude ver como claramente de mi lado (conductor) al medio de la ruta a una persona caminaba, tenía una especie de túnica, yo solo atine a agarrar fuerte el volante al mismo tiempo que por el retrovisor intentaba mirar si había rozado a esa persona o si lo había golpeado. No había nada, metros más adelante pare para poder mirar bien, no dije nada para no asustar a mi acompañante, me hice el que quería orinar, estábamos a más o menos 20 metros de donde paso eso, pasaron muchos vehículos pero lo que yo había visto no aparecía, no estaba ahí. Me despabile del todo y me dispuse a hacer lo mío.
Ya cerca de un árbol me pareció ver un bulto blanco, me acerque más y vi un monolito con una cruz en el lugar, mi cumpa que venía también a hacer lo mismo que yo me dijo: “-Ah, aquí está la cruz del gaucho, dicen que se aparece al costado de la ruta con su traje blanco, tene cuidado” apenas termino de decirme eso sentí un escalofrío que me hizo sacudir todo mi cuerpo, pensé en distintas variantes para intentar explicar lo que había vivido de una manera racional y lógica, lamentablemente hasta ahora sigo sin saber que fue.
La otra cosa que me paso no me asusto en ese momento, pero si me termino de demostrar que hay no sé si energías o almas o entidades, pero que están entre nosotros.
Tenía que ir a Jujuy a visitar a un pariente que había llegado de lejos y estaba parando en un hotel, eran cerca de las 20 cuando supe que ya estaba ahí, mi mujer y mis hijos por diferentes motivos no podían ir, así que agarre mi auto y me mande nomas.
Todos sabemos que la ruta es peligrosa de noche, es más, hay un tramo en el que pasaron varios accidentes, mientras manejaba pensaba en eso, estaba contento por ver a mi pariente de manera que rápidamente deje de pensar en la ruta.
A menos de 5 minutos de llegar al puente antes de Palpala vi a lo lejos a un viejito que rengueaba y se apoyaba en un palo para caminar, le costaba hacer  dos pasos, tenía la vestimenta y el aspecto de una persona muy humilde, pensé que se había perdido o lastimado, así que acerque el auto y lo invite a subir, estaba efectivamente cansado por el esfuerzo, se ubicó en el asiento de atrás, y me venía charlando dijo que vivía por el lado de la estación de servicios de Palpala, ofrecí llevarlo a su casa, pero me dijo que no era necesario, quería para ahí, descansar y seguir su camino solo, tenía otras cosas que hacer y no necesitaba seguir “abusando” de mi buena predisposición.
Me dio pena pero no iba a discutir con él, me dirigí hacia la estación de servicio, me decía que tenga cuidado porque los accidentes de noche por la imprudencia son los más terribles y dolorosos, de hecho él había sufrido un accidente y por eso tenía mal la rodilla, volviendo a su casa en bicicleta, un vehículo pilotado por jóvenes que volvían de bailar se lo habían llevado por delante, tan mal había quedado que ya no podía usar su vieja bicicleta.
No había terminado de decirme eso que se oyó fuerte un estruendo. Un camión había chocado con una camioneta, el chofer de la chata se había llevado la peor parte (eso lo sabría mucho después). Me impresiono todo aquello, ver a los otros vehículos alumbrando la escena del accidente, ya me imaginaba a la ambulancia y a la policía arribando al lugar, tendría que cambiar la ruta y llegar a Jujuy por el lado de rio blanco.
No repare en ese momento en lo que el anciano me había dicho, pero también me preocupaba el, le dije que no se bajara, que me esperara en el auto, solo levanto la mano y me sonrió. Me fui a la confitería del lugar y le compre un agua mineral y unos sanguches de miga, así mientras descansaba podía reponer energías comiendo y tomando algo.
Para cuando volví, dentro de mi vehículo no había nadie, pensé que se había bajado aprovechando mi descuido al buscar las cosas y pagar todo en caja, me dirigí al baño a ver si está allí y nada. Pensaba que no quería seguir molestándome (tal vez él pensaba eso)
Estaba a punto de subirme para continuar mi viaje cuando se me ocurrió hablar con el playero para entregarle las cosas por si lo llegaba a ver, al vivir en las inmediaciones a lo mejor lo conocía.
En ese momento fue precisamente mi susto, el playero me dijo que no conocía a nadie así, pero que había oído historias de un viejito que murió en los 80 por ese sector y que de tanto en tanto se le aparece a los choferes para advertirles de un accidente y a los irresponsables asustarlos.
Realmente no puedo describir mi reacción, no caía por lo que había pasado, en mi cabeza estaba la posibilidad de que el accidente que había visto podría haber sido mío, yo tendría que estar en esa situación. No sé como pero arranque y con las manos muy sudorosas volví a la ruta. Me temblaba todo el cuerpo, trataba de acordarme del viejito, pero su cara ya a esas alturas me era irreconocible, mientras más trataba de hacerme una imagen en la cabeza, más detalles olvidaba.
Llegue a Jujuy, visite a mi familiar y salimos a cenar, le conté lo vivido y el solo se impresiono, me contó de otras historias que él había oído hablar, pero que son del lugar en donde él está actualmente, historias de aparecidos y demás cosas.
Trato de darme calma, me sugirió que tal vez el viejito se había bajado y ya recuperado siguió su caminata en vez de quedarse en donde estaba yo, tenía algo de lógica, pero lo que me había comentado el playero me sembraba más dudas, no creo que me haya querido gastar una broma.
Ya volviendo al hotel nos despedimos con la promesa de una visita a ya sea a su casa o la mía, nos dimos un gran abrazo y casi como recordándome el incidente me dijo que me fije bien en la ruta y me cuide de no levantar velocidad. No había apuro para volver a casa, además hay que llegar sano, esa es la idea.
  Ya más tranquilo, con los recuerdos frescos de la larga charla, la cena con anécdotas y los saludos para toda la familia me dispuse a volver. Tenía todavía el agua mineral, así que le di un trago, pensaba en manejar lo más despacio posible, no me importaba tardar media hora o 40 minutos en llegar a mi casa. Lo que sea con tal de no recordar lo que me había pasado.
Volviendo ya miraba para todos lados, no me animaba a mirar a las personas que siempre están al costado de la ruta esperando los remisses o los colectivos, el recuerdo me volvía a la mente, trataba de convencerme de que lo que paso fue una mera casualidad, no podría volver a pasarme, era imposible.
Llegando al puente todo el tramo se me hizo más largo, ya solo quería pasar esa parte y olvidar todo, no tenía miedo, pero estaba en total alerta, pensé en pisar el acelerador a fondo y para por fin salir de ahí, pero me venía a la mente la posibilidad de un accidente, acto seguido, me retumbaba en la cabeza las palabras de aquel viejito, hubiera querido cerrar los ojos, pero la situación me lo impedía.
Una vez terminado el trayecto del puente me sentí aliviado, quería llegar a casa, bañarme y tirarme a dormir, me sentía extenuado, no quería dar explicaciones ni menos contar todo para traer el recuerdo a mi cabeza.
Se me ocurrió prender la radio, así olvidaría todo, la música ayuda a relajarse, en el momento en el que me incline un poco para prender el estéreo un vehículo me adelantaba mientras que otro se ponía detrás mío para poder adelantar toda esa luz dentro de mi coche me ayudo a prender la radio y darle volumen, en ese instante, pienso que fue por un acto reflejo mire por el retrovisor y vi una figura que podría jurar era el anciano que había levantado. A duras penas pode controlar el auto, estire la mano para prender la luz y volver a mirar por el retrovisor, no había nadie.
No sé si habrá sido el estado de alteración que tenia o si en efecto la historia que me contaron es verdad, pero eso sí que no me lo olvido nunca más.

Fin. 

martes, 6 de junio de 2017

Leyendas urbanas de Perico

Leyendas Urbanas de Perico
Hoy: El Ekeko.
Esto me pasó hace mucho tiempo, cuando tenía 10 años más o menos, vivía con mis padres en la casa de mi abuelo (padre de mi mama). La casa es un lote grande y antiguamente fue un inquilinato, en la actualidad solo queda la casa principal, de las piezas, solo quedan vestigios ya que la gran mayoría solo eran de adobe.
Mi abuelo había enviudado hacia mucho, tal como la gente de antaño, no había vuelto a formalizar una relación, solo nos tenía a nosotros en su casa y como a mis viejos ya les habían adjudicado una vivienda, solo estábamos esperando al acto de entrega para por fin irnos a nuestra casa propia. Él no tenía la costumbre de darle de comer a la tierra, pero respetaba a quienes lo hacían como es costumbre aquí en el norte. Así como respetaba también les daba cabida a las creencias que tienen las personas con respecto figuras como el Ekeko. No recuerdo quien, pero le regalaron una figura de yeso, era como una persona de piel morena, sentado en una piedra, con su morral en donde se podía poner hojas de coca, una ollita para poner semillas o no sé qué otra cosa y una abertura en la boca para poner un cigarro.
Realmente no conozco bien las tradiciones respecto a esta figura, pero de lo poco que puedo recordar es que se lo debía tratar como a una persona normal, había que saludarlo tocándole la cabeza, cambiarle la coca de tanto en tanto, cambiarle el cigarro antes de que se apague y si se podía, invitarle un trago de lo que estemos bebiendo.
Las consecuencias de no hacerle caso o ignorarlo eran de por si malas, tal como con la pachamama, se debía tener mucho cuidado, porque de no cumplirle nos podía ir mal en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el área comercial o laboral. Por lo menos es lo que me habían contado.
Existe también la posibilidad de que la imagen este cargada de malas energías o bien que lo hayan utilizado para ingresar algún trabajo a la casa o persona que se quiere perjudicar.
Mi abuelo nunca fumo, no tomaba y menos coqueaba, salvo alguna que otra oportunidad en la que tal como dictan los remedios caseros, usar un poco o hacerse un té solucionaba el problema de salud.
Este Ekeko estaba en una repisa de la sala de la casa de mi abuelo, la primer semana que estuvo ahí, le pusieron el cigarro, la coca, semillas de maíz y un vasito de vino blanco. Con el correr de los días su atención se fue disminuyendo, recuerdo haberlo visto con la colilla del mismo cigarro apagado por más de una semana, Como mencione antes mi abuelo no tenía vicios y era respetuoso de las creencias, pero no era algo que fuera muy importante para él.
Como todo chico yo era bastante inquieto, pero también sabía hasta donde podía llegar, solía jugar mucho con mis juguetes y también le hacía mucha compañía a mi abuelo. Él tenía una pila de diarios viejos en un rincón de la casa, una noche me reto e hizo que mi mama lo hiciera también por haber prendido fuego a esos diarios, no podía defenderme, sabía que si decía lo que sea el castigo sería peor.
Días después pude acercarme a los diarios quemados para ver de cerca lo que supuestamente había hecho, el fuego se había iniciado en el medio de la columna, todos estaban apilados de tal manera que me era imposible por la edad de moverlos y más aun de siquiera poder levantarlos para prender fuego en esa parte. Me pareció raro, pero era mi palabra contra de mis padres y abuelo.
Con el correr de los días, todo el ambiente enrareció. Mis viejos tenían discusiones de tonterías, mi abuelo me retaba de cualquier cosa y yo… Solo podía mirar. Una tarde jugando en el patio oí como me llamaban por mi nombre, asumí que era mi abuelo, fui a su encuentro, resultaba que él no me había llamado, no había nadie más en casa.
Siempre me ordenaban guardar mis juguetes, al ser un terreno grande siempre se creía que en el fondo había duendes, me decían que si jugaba de noche, ellos vendrían a jugar con lo que yo dejaba tirado o que me iban a tirar de los pies. Papa me reto un día porque según él dice que me vio caminar hacia el baño mientras pateaba mi pelota, la misma estaba a la mañana siguiente en el patio, pero a menos que haya sufrido solo ese día de sonambulismo no fui yo.
Escuche conversaciones a cerca de una mujer que se paseaba por las noches, nadie sabía de qué o porque, me dormía con mucho miedo, algunas veces podía sentir que alguien se sentaba en mi cama, yo solamente me tapaba la cabeza y rezaba.
Mama se asustó mucho una madrugada cuando fue a la cocina por un vaso de gaseosa, no sabe cómo ni porque, pero miro hacia el techo y ahí estaba una bruma negra con ojos brillantes que la acechaba desde un rincón, momentos antes de salir corriendo de allí, dijo ver como si esta figura reptara sobre la pared. Papa dijo en una oportunidad sentir que lo miraban cuando iba al baño, una vez conto que mientras se bañaba sintió una brisa en la espalda casi como si alguien le respirara, no sé si se hacia el valiente, pero le costaba creer lo que estaba pasando. La última vez que lo escuche hablar de eso, fue cuando conto que mientras se afeitaba se agacho para enjuagarse y al levantar la vista vio a una figura muy oscura parada detrás de él, cuando se dio vuelta de la sorpresa (pienso que fue más el susto) no había nada, solo dijo que sintió frio.
Algunos inquilinos ocasionales decían poder ver en la oscuridad como si muchas personas caminaran en el fondo, otros directamente no podían dormir porque según ellos alguien no solo caminaba por los techos, también corría.
Teníamos perros y sus cuchas estaban en el fondo, todas las noches mi abuelo les llevaba su comida, era su manera de decir buenas noches, hacia eso y automáticamente se iba a dormir. Una de esas noches se había quedado hasta más tarde porque estaba haciendo hervir unos cortes que se había olvidado en el congelador, cuando fue a dejarles la comida, noto que los canes estaban nerviosos, ladraban y aullaban descontrolados, el sintió un escalofrío que le indico que algo no estaba bien, instintivamente se acercó a los perros a fin de alejar a lo que sea que lo estuviera rondando. La sensación no se iba, por lo que decidió caminar lo más rápido posible para entrar en la casa, como el fondo era muy oscuro y si a eso le sumamos que tenía muchas plantas y un jardín, ya de por si mete miedo. Trataba de mirar para el frente, se dio cuenta que de su derecha había alguien y este se le acercaba con rapidez.
Papa siempre leía el diario en el baño, saliendo de ahí se iba a la cocina a buscar algo para picar y tomar, acto seguido se tiraba a dormir. Llegando a la cocina vio que la puerta que da al fondo estaba abierta, asumiendo que su suegro estaba afuera saco la cabeza para ver si todo estaba bien… Mi abuelo estaba tirado en el piso, llamo a mi mama y mientras lo incorporaban trataban de preguntarle que le había pasado, el solo gemía de dolor. Pensaron que podía ser un infarto o cualquier otra cosa, papa tenía a su cargo una camioneta, busco las llaves, lo subimos y lo llevamos al hospital.
Ya en la guardia mama hablo con el doctor quien le dijo que se había desvanecido, las causas se desconocían, pero que de igual forma debía visitar a su médico de cabecera para poder medicarlo, todavía recuerdo su expresión al salir de ahí, tenía gasas en el pecho y una cara de susto que me daba miedo. Tenía arañazos, pensé en los perros pero las marcas eran de un animal mucho más grande y no tenían las clásicas marcas de tres uñas, sino cuatro.
Resulta que mientras el volvía a toda marcha vio que se le acercaba una mujer vestida de negro, como ya estaba casi cerca de la puerta se dio vuelta para ver quién era, tenía la olla en la mano así que eso bastaría para defenderse. Lo último que recuerda es que eso ya estaba casi encima de él, no se le podía ver la cara y de entre su ropa saco las manos, de las cuales asomaban uñas negras de gran tamaño.
Después de ese evento llamaron a una curandera quien se dispuso a hacer una limpia, pero antes de comenzar pidió hacer un recorrido, dijo que no quería saber nada de lo sucedido, les iba a indicar donde estaba lo que nos asustaba.
La curandera paseo por toda la casa, sin mediar palabra se dirigió hacia el Ekeko, lo tomo y pidió que la acompañemos al patio, nos paramos detrás de ella, soltó a la imagen y con una piedra lo rompió, todo mientras oraba en voz baja. En el interior se había formado como un nido de hormigas negras, la tierra que tenía dentro era negra, la curandera miro a mi abuelo y le pregunto si él quería ver quien lo estaba asustando, le contesto que no, ella le dijo que el Ekeko es una imagen buena, que estaba controlado porque lo cuidaban los primeros días, pero que también lo utilizan para hacer trabajos, en su mayoría de muerte.
Metió todo en una bolsa para llevárselo y hablo con mi abuelo para decirle quien le había estado haciendo el trabajo, por si él quería que todo se volviera en contra de su “enemigo” o si simplemente este se diera a conocer por algunas señales de que el trabajo no se había cumplido, esta persona comenzaría a irle mal, enfermaría o tendría un muy mal pasar económico. Nunca supe quien fue, pero asumo que lo que le dijo la curandera fue cierto porque los incidentes nunca se volvieron a repetir, meses más tarde nos entregaron nuestra casa y hasta el día del fallecimiento de mi abuelo no volvió a pasar nada en su casa.

Fin.