Leyendas
Urbanas de Perico
Hoy: El Ekeko.
Esto me pasó
hace mucho tiempo, cuando tenía 10 años más o menos, vivía con mis padres en la
casa de mi abuelo (padre de mi mama). La casa es un lote grande y antiguamente
fue un inquilinato, en la actualidad solo queda la casa principal, de las
piezas, solo quedan vestigios ya que la gran mayoría solo eran de adobe.
Mi abuelo había
enviudado hacia mucho, tal como la gente de antaño, no había vuelto a
formalizar una relación, solo nos tenía a nosotros en su casa y como a mis
viejos ya les habían adjudicado una vivienda, solo estábamos esperando al acto
de entrega para por fin irnos a nuestra casa propia. Él no tenía la costumbre
de darle de comer a la tierra, pero respetaba a quienes lo hacían como es
costumbre aquí en el norte. Así como respetaba también les daba cabida a las
creencias que tienen las personas con respecto figuras como el Ekeko. No
recuerdo quien, pero le regalaron una figura de yeso, era como una persona de
piel morena, sentado en una piedra, con su morral en donde se podía poner hojas
de coca, una ollita para poner semillas o no sé qué otra cosa y una abertura en
la boca para poner un cigarro.
Realmente no
conozco bien las tradiciones respecto a esta figura, pero de lo poco que puedo
recordar es que se lo debía tratar como a una persona normal, había que
saludarlo tocándole la cabeza, cambiarle la coca de tanto en tanto, cambiarle
el cigarro antes de que se apague y si se podía, invitarle un trago de lo que
estemos bebiendo.
Las
consecuencias de no hacerle caso o ignorarlo eran de por si malas, tal como con
la pachamama, se debía tener mucho cuidado, porque de no cumplirle nos podía ir
mal en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el área comercial o laboral.
Por lo menos es lo que me habían contado.
Existe también
la posibilidad de que la imagen este cargada de malas energías o bien que lo
hayan utilizado para ingresar algún trabajo a la casa o persona que se quiere
perjudicar.
Mi abuelo
nunca fumo, no tomaba y menos coqueaba, salvo alguna que otra oportunidad en la
que tal como dictan los remedios caseros, usar un poco o hacerse un té
solucionaba el problema de salud.
Este Ekeko
estaba en una repisa de la sala de la casa de mi abuelo, la primer semana que
estuvo ahí, le pusieron el cigarro, la coca, semillas de maíz y un vasito de
vino blanco. Con el correr de los días su atención se fue disminuyendo,
recuerdo haberlo visto con la colilla del mismo cigarro apagado por más de una
semana, Como mencione antes mi abuelo no tenía vicios y era respetuoso de las
creencias, pero no era algo que fuera muy importante para él.
Como todo
chico yo era bastante inquieto, pero también sabía hasta donde podía llegar, solía
jugar mucho con mis juguetes y también le hacía mucha compañía a mi abuelo. Él tenía
una pila de diarios viejos en un rincón de la casa, una noche me reto e hizo
que mi mama lo hiciera también por haber prendido fuego a esos diarios, no podía
defenderme, sabía que si decía lo que sea el castigo sería peor.
Días después
pude acercarme a los diarios quemados para ver de cerca lo que supuestamente había
hecho, el fuego se había iniciado en el medio de la columna, todos estaban
apilados de tal manera que me era imposible por la edad de moverlos y más aun
de siquiera poder levantarlos para prender fuego en esa parte. Me pareció raro,
pero era mi palabra contra de mis padres y abuelo.
Con el
correr de los días, todo el ambiente enrareció. Mis viejos tenían discusiones
de tonterías, mi abuelo me retaba de cualquier cosa y yo… Solo podía mirar. Una
tarde jugando en el patio oí como me llamaban por mi nombre, asumí que era mi
abuelo, fui a su encuentro, resultaba que él no me había llamado, no había nadie
más en casa.
Siempre me ordenaban
guardar mis juguetes, al ser un terreno grande siempre se creía que en el fondo
había duendes, me decían que si jugaba de noche, ellos vendrían a jugar con lo
que yo dejaba tirado o que me iban a tirar de los pies. Papa me reto un día
porque según él dice que me vio caminar hacia el baño mientras pateaba mi
pelota, la misma estaba a la mañana siguiente en el patio, pero a menos que
haya sufrido solo ese día de sonambulismo no fui yo.
Escuche
conversaciones a cerca de una mujer que se paseaba por las noches, nadie sabía
de qué o porque, me dormía con mucho miedo, algunas veces podía sentir que
alguien se sentaba en mi cama, yo solamente me tapaba la cabeza y rezaba.
Mama se asustó
mucho una madrugada cuando fue a la cocina por un vaso de gaseosa, no sabe cómo
ni porque, pero miro hacia el techo y ahí estaba una bruma negra con ojos
brillantes que la acechaba desde un rincón, momentos antes de salir corriendo
de allí, dijo ver como si esta figura reptara sobre la pared. Papa dijo en una
oportunidad sentir que lo miraban cuando iba al baño, una vez conto que
mientras se bañaba sintió una brisa en la espalda casi como si alguien le
respirara, no sé si se hacia el valiente, pero le costaba creer lo que estaba
pasando. La última vez que lo escuche hablar de eso, fue cuando conto que
mientras se afeitaba se agacho para enjuagarse y al levantar la vista vio a una
figura muy oscura parada detrás de él, cuando se dio vuelta de la sorpresa (pienso
que fue más el susto) no había nada, solo dijo que sintió frio.
Algunos
inquilinos ocasionales decían poder ver en la oscuridad como si muchas personas
caminaran en el fondo, otros directamente no podían dormir porque según ellos
alguien no solo caminaba por los techos, también corría.
Teníamos
perros y sus cuchas estaban en el fondo, todas las noches mi abuelo les llevaba
su comida, era su manera de decir buenas noches, hacia eso y automáticamente se
iba a dormir. Una de esas noches se había quedado hasta más tarde porque estaba
haciendo hervir unos cortes que se había olvidado en el congelador, cuando fue
a dejarles la comida, noto que los canes estaban nerviosos, ladraban y aullaban
descontrolados, el sintió un escalofrío que le indico que algo no estaba bien,
instintivamente se acercó a los perros a fin de alejar a lo que sea que lo
estuviera rondando. La sensación no se iba, por lo que decidió caminar lo más rápido
posible para entrar en la casa, como el fondo era muy oscuro y si a eso le
sumamos que tenía muchas plantas y un jardín, ya de por si mete miedo. Trataba
de mirar para el frente, se dio cuenta que de su derecha había alguien y este
se le acercaba con rapidez.
Papa siempre
leía el diario en el baño, saliendo de ahí se iba a la cocina a buscar algo
para picar y tomar, acto seguido se tiraba a dormir. Llegando a la cocina vio
que la puerta que da al fondo estaba abierta, asumiendo que su suegro estaba
afuera saco la cabeza para ver si todo estaba bien… Mi abuelo estaba tirado en
el piso, llamo a mi mama y mientras lo incorporaban trataban de preguntarle que
le había pasado, el solo gemía de dolor. Pensaron que podía ser un infarto o
cualquier otra cosa, papa tenía a su cargo una camioneta, busco las llaves, lo
subimos y lo llevamos al hospital.
Ya en la
guardia mama hablo con el doctor quien le dijo que se había desvanecido, las
causas se desconocían, pero que de igual forma debía visitar a su médico de
cabecera para poder medicarlo, todavía recuerdo su expresión al salir de ahí, tenía
gasas en el pecho y una cara de susto que me daba miedo. Tenía arañazos, pensé en
los perros pero las marcas eran de un animal mucho más grande y no tenían las clásicas
marcas de tres uñas, sino cuatro.
Resulta que
mientras el volvía a toda marcha vio que se le acercaba una mujer vestida de
negro, como ya estaba casi cerca de la puerta se dio vuelta para ver quién era,
tenía la olla en la mano así que eso bastaría para defenderse. Lo último que
recuerda es que eso ya estaba casi encima de él, no se le podía ver la cara y
de entre su ropa saco las manos, de las cuales asomaban uñas negras de gran
tamaño.
Después de
ese evento llamaron a una curandera quien se dispuso a hacer una limpia, pero
antes de comenzar pidió hacer un recorrido, dijo que no quería saber nada de lo
sucedido, les iba a indicar donde estaba lo que nos asustaba.
La curandera
paseo por toda la casa, sin mediar palabra se dirigió hacia el Ekeko, lo tomo y
pidió que la acompañemos al patio, nos paramos detrás de ella, soltó a la
imagen y con una piedra lo rompió, todo mientras oraba en voz baja. En el
interior se había formado como un nido de hormigas negras, la tierra que tenía
dentro era negra, la curandera miro a mi abuelo y le pregunto si él quería ver
quien lo estaba asustando, le contesto que no, ella le dijo que el Ekeko es una
imagen buena, que estaba controlado porque lo cuidaban los primeros días, pero
que también lo utilizan para hacer trabajos, en su mayoría de muerte.
Metió todo
en una bolsa para llevárselo y hablo con mi abuelo para decirle quien le había estado
haciendo el trabajo, por si él quería que todo se volviera en contra de su “enemigo”
o si simplemente este se diera a conocer por algunas señales de que el trabajo
no se había cumplido, esta persona comenzaría a irle mal, enfermaría o tendría un
muy mal pasar económico. Nunca supe quien fue, pero asumo que lo que le dijo la
curandera fue cierto porque los incidentes nunca se volvieron a repetir, meses más
tarde nos entregaron nuestra casa y hasta el día del fallecimiento de mi abuelo
no volvió a pasar nada en su casa.
Fin.

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