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martes, 6 de junio de 2017

Leyendas urbanas de Perico

Leyendas Urbanas de Perico
Hoy: El Ekeko.
Esto me pasó hace mucho tiempo, cuando tenía 10 años más o menos, vivía con mis padres en la casa de mi abuelo (padre de mi mama). La casa es un lote grande y antiguamente fue un inquilinato, en la actualidad solo queda la casa principal, de las piezas, solo quedan vestigios ya que la gran mayoría solo eran de adobe.
Mi abuelo había enviudado hacia mucho, tal como la gente de antaño, no había vuelto a formalizar una relación, solo nos tenía a nosotros en su casa y como a mis viejos ya les habían adjudicado una vivienda, solo estábamos esperando al acto de entrega para por fin irnos a nuestra casa propia. Él no tenía la costumbre de darle de comer a la tierra, pero respetaba a quienes lo hacían como es costumbre aquí en el norte. Así como respetaba también les daba cabida a las creencias que tienen las personas con respecto figuras como el Ekeko. No recuerdo quien, pero le regalaron una figura de yeso, era como una persona de piel morena, sentado en una piedra, con su morral en donde se podía poner hojas de coca, una ollita para poner semillas o no sé qué otra cosa y una abertura en la boca para poner un cigarro.
Realmente no conozco bien las tradiciones respecto a esta figura, pero de lo poco que puedo recordar es que se lo debía tratar como a una persona normal, había que saludarlo tocándole la cabeza, cambiarle la coca de tanto en tanto, cambiarle el cigarro antes de que se apague y si se podía, invitarle un trago de lo que estemos bebiendo.
Las consecuencias de no hacerle caso o ignorarlo eran de por si malas, tal como con la pachamama, se debía tener mucho cuidado, porque de no cumplirle nos podía ir mal en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el área comercial o laboral. Por lo menos es lo que me habían contado.
Existe también la posibilidad de que la imagen este cargada de malas energías o bien que lo hayan utilizado para ingresar algún trabajo a la casa o persona que se quiere perjudicar.
Mi abuelo nunca fumo, no tomaba y menos coqueaba, salvo alguna que otra oportunidad en la que tal como dictan los remedios caseros, usar un poco o hacerse un té solucionaba el problema de salud.
Este Ekeko estaba en una repisa de la sala de la casa de mi abuelo, la primer semana que estuvo ahí, le pusieron el cigarro, la coca, semillas de maíz y un vasito de vino blanco. Con el correr de los días su atención se fue disminuyendo, recuerdo haberlo visto con la colilla del mismo cigarro apagado por más de una semana, Como mencione antes mi abuelo no tenía vicios y era respetuoso de las creencias, pero no era algo que fuera muy importante para él.
Como todo chico yo era bastante inquieto, pero también sabía hasta donde podía llegar, solía jugar mucho con mis juguetes y también le hacía mucha compañía a mi abuelo. Él tenía una pila de diarios viejos en un rincón de la casa, una noche me reto e hizo que mi mama lo hiciera también por haber prendido fuego a esos diarios, no podía defenderme, sabía que si decía lo que sea el castigo sería peor.
Días después pude acercarme a los diarios quemados para ver de cerca lo que supuestamente había hecho, el fuego se había iniciado en el medio de la columna, todos estaban apilados de tal manera que me era imposible por la edad de moverlos y más aun de siquiera poder levantarlos para prender fuego en esa parte. Me pareció raro, pero era mi palabra contra de mis padres y abuelo.
Con el correr de los días, todo el ambiente enrareció. Mis viejos tenían discusiones de tonterías, mi abuelo me retaba de cualquier cosa y yo… Solo podía mirar. Una tarde jugando en el patio oí como me llamaban por mi nombre, asumí que era mi abuelo, fui a su encuentro, resultaba que él no me había llamado, no había nadie más en casa.
Siempre me ordenaban guardar mis juguetes, al ser un terreno grande siempre se creía que en el fondo había duendes, me decían que si jugaba de noche, ellos vendrían a jugar con lo que yo dejaba tirado o que me iban a tirar de los pies. Papa me reto un día porque según él dice que me vio caminar hacia el baño mientras pateaba mi pelota, la misma estaba a la mañana siguiente en el patio, pero a menos que haya sufrido solo ese día de sonambulismo no fui yo.
Escuche conversaciones a cerca de una mujer que se paseaba por las noches, nadie sabía de qué o porque, me dormía con mucho miedo, algunas veces podía sentir que alguien se sentaba en mi cama, yo solamente me tapaba la cabeza y rezaba.
Mama se asustó mucho una madrugada cuando fue a la cocina por un vaso de gaseosa, no sabe cómo ni porque, pero miro hacia el techo y ahí estaba una bruma negra con ojos brillantes que la acechaba desde un rincón, momentos antes de salir corriendo de allí, dijo ver como si esta figura reptara sobre la pared. Papa dijo en una oportunidad sentir que lo miraban cuando iba al baño, una vez conto que mientras se bañaba sintió una brisa en la espalda casi como si alguien le respirara, no sé si se hacia el valiente, pero le costaba creer lo que estaba pasando. La última vez que lo escuche hablar de eso, fue cuando conto que mientras se afeitaba se agacho para enjuagarse y al levantar la vista vio a una figura muy oscura parada detrás de él, cuando se dio vuelta de la sorpresa (pienso que fue más el susto) no había nada, solo dijo que sintió frio.
Algunos inquilinos ocasionales decían poder ver en la oscuridad como si muchas personas caminaran en el fondo, otros directamente no podían dormir porque según ellos alguien no solo caminaba por los techos, también corría.
Teníamos perros y sus cuchas estaban en el fondo, todas las noches mi abuelo les llevaba su comida, era su manera de decir buenas noches, hacia eso y automáticamente se iba a dormir. Una de esas noches se había quedado hasta más tarde porque estaba haciendo hervir unos cortes que se había olvidado en el congelador, cuando fue a dejarles la comida, noto que los canes estaban nerviosos, ladraban y aullaban descontrolados, el sintió un escalofrío que le indico que algo no estaba bien, instintivamente se acercó a los perros a fin de alejar a lo que sea que lo estuviera rondando. La sensación no se iba, por lo que decidió caminar lo más rápido posible para entrar en la casa, como el fondo era muy oscuro y si a eso le sumamos que tenía muchas plantas y un jardín, ya de por si mete miedo. Trataba de mirar para el frente, se dio cuenta que de su derecha había alguien y este se le acercaba con rapidez.
Papa siempre leía el diario en el baño, saliendo de ahí se iba a la cocina a buscar algo para picar y tomar, acto seguido se tiraba a dormir. Llegando a la cocina vio que la puerta que da al fondo estaba abierta, asumiendo que su suegro estaba afuera saco la cabeza para ver si todo estaba bien… Mi abuelo estaba tirado en el piso, llamo a mi mama y mientras lo incorporaban trataban de preguntarle que le había pasado, el solo gemía de dolor. Pensaron que podía ser un infarto o cualquier otra cosa, papa tenía a su cargo una camioneta, busco las llaves, lo subimos y lo llevamos al hospital.
Ya en la guardia mama hablo con el doctor quien le dijo que se había desvanecido, las causas se desconocían, pero que de igual forma debía visitar a su médico de cabecera para poder medicarlo, todavía recuerdo su expresión al salir de ahí, tenía gasas en el pecho y una cara de susto que me daba miedo. Tenía arañazos, pensé en los perros pero las marcas eran de un animal mucho más grande y no tenían las clásicas marcas de tres uñas, sino cuatro.
Resulta que mientras el volvía a toda marcha vio que se le acercaba una mujer vestida de negro, como ya estaba casi cerca de la puerta se dio vuelta para ver quién era, tenía la olla en la mano así que eso bastaría para defenderse. Lo último que recuerda es que eso ya estaba casi encima de él, no se le podía ver la cara y de entre su ropa saco las manos, de las cuales asomaban uñas negras de gran tamaño.
Después de ese evento llamaron a una curandera quien se dispuso a hacer una limpia, pero antes de comenzar pidió hacer un recorrido, dijo que no quería saber nada de lo sucedido, les iba a indicar donde estaba lo que nos asustaba.
La curandera paseo por toda la casa, sin mediar palabra se dirigió hacia el Ekeko, lo tomo y pidió que la acompañemos al patio, nos paramos detrás de ella, soltó a la imagen y con una piedra lo rompió, todo mientras oraba en voz baja. En el interior se había formado como un nido de hormigas negras, la tierra que tenía dentro era negra, la curandera miro a mi abuelo y le pregunto si él quería ver quien lo estaba asustando, le contesto que no, ella le dijo que el Ekeko es una imagen buena, que estaba controlado porque lo cuidaban los primeros días, pero que también lo utilizan para hacer trabajos, en su mayoría de muerte.
Metió todo en una bolsa para llevárselo y hablo con mi abuelo para decirle quien le había estado haciendo el trabajo, por si él quería que todo se volviera en contra de su “enemigo” o si simplemente este se diera a conocer por algunas señales de que el trabajo no se había cumplido, esta persona comenzaría a irle mal, enfermaría o tendría un muy mal pasar económico. Nunca supe quien fue, pero asumo que lo que le dijo la curandera fue cierto porque los incidentes nunca se volvieron a repetir, meses más tarde nos entregaron nuestra casa y hasta el día del fallecimiento de mi abuelo no volvió a pasar nada en su casa.

Fin.

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