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lunes, 10 de julio de 2017
sábado, 1 de julio de 2017
lunes, 19 de junio de 2017
Nuevo capitulo
Leyendas
urbanas de Perico
Hoy: La ruta
Hola, quiero
confesar que nunca fui creyente, hasta que me paso lo que a continuación te voy
a relatar. Tuve en toda mi vida un solo evento y pensaba en contártelo hace
tiempo, pero no me animaba. Hasta hace unos pocos días en los que un compadre
me recordó de otra cosa que nos pasó y ahí sí, recién me anime a escribirte.
Pero primero
te comento lo que me paso en compañía de mi compadre. Una noche, en plena ruta,
cerca de las Pampitas nos volvíamos de una diligencias que teníamos que
realizar, yo estaba medio cansado y calculo que mi cumpa también, no habíamos bebido
como para decir que fue producto de nuestra imaginación. Veníamos charlando,
cosa de no dormirnos o tener algún descuido y protagonizar un accidente.
En un
momento dado, mi cumpa agacha la cabeza como buscando algo en el piso del auto,
yo solo miraba la ruta, nos habíamos quedado ya sin temas para la charla. Lo
mire solo por un instante, juro que solo fue un segundo, apenas levante la
mirada para ver la ruta pude ver como claramente de mi lado (conductor) al
medio de la ruta a una persona caminaba, tenía una especie de túnica, yo solo
atine a agarrar fuerte el volante al mismo tiempo que por el retrovisor
intentaba mirar si había rozado a esa persona o si lo había golpeado. No había nada,
metros más adelante pare para poder mirar bien, no dije nada para no asustar a
mi acompañante, me hice el que quería orinar, estábamos a más o menos 20 metros
de donde paso eso, pasaron muchos vehículos pero lo que yo había visto no aparecía,
no estaba ahí. Me despabile del todo y me dispuse a hacer lo mío.
Ya cerca de
un árbol me pareció ver un bulto blanco, me acerque más y vi un monolito con
una cruz en el lugar, mi cumpa que venía también a hacer lo mismo que yo me
dijo: “-Ah, aquí está la cruz del gaucho, dicen que se aparece al costado de la
ruta con su traje blanco, tene cuidado” apenas termino de decirme eso sentí un escalofrío
que me hizo sacudir todo mi cuerpo, pensé en distintas variantes para intentar
explicar lo que había vivido de una manera racional y lógica, lamentablemente
hasta ahora sigo sin saber que fue.
La otra cosa
que me paso no me asusto en ese momento, pero si me termino de demostrar que
hay no sé si energías o almas o entidades, pero que están entre nosotros.
Tenía que ir
a Jujuy a visitar a un pariente que había llegado de lejos y estaba parando en
un hotel, eran cerca de las 20 cuando supe que ya estaba ahí, mi mujer y mis
hijos por diferentes motivos no podían ir, así que agarre mi auto y me mande
nomas.
Todos sabemos
que la ruta es peligrosa de noche, es más, hay un tramo en el que pasaron
varios accidentes, mientras manejaba pensaba en eso, estaba contento por ver a
mi pariente de manera que rápidamente deje de pensar en la ruta.
A menos de 5
minutos de llegar al puente antes de Palpala vi a lo lejos a un viejito que
rengueaba y se apoyaba en un palo para caminar, le costaba hacer dos pasos, tenía la vestimenta y el aspecto
de una persona muy humilde, pensé que se había perdido o lastimado, así que
acerque el auto y lo invite a subir, estaba efectivamente cansado por el
esfuerzo, se ubicó en el asiento de atrás, y me venía charlando dijo que vivía por
el lado de la estación de servicios de Palpala, ofrecí llevarlo a su casa, pero
me dijo que no era necesario, quería para ahí, descansar y seguir su camino
solo, tenía otras cosas que hacer y no necesitaba seguir “abusando” de mi buena
predisposición.
Me dio pena
pero no iba a discutir con él, me dirigí hacia la estación de servicio, me decía
que tenga cuidado porque los accidentes de noche por la imprudencia son los más
terribles y dolorosos, de hecho él había sufrido un accidente y por eso tenía
mal la rodilla, volviendo a su casa en bicicleta, un vehículo pilotado por jóvenes
que volvían de bailar se lo habían llevado por delante, tan mal había quedado
que ya no podía usar su vieja bicicleta.
No había terminado
de decirme eso que se oyó fuerte un estruendo. Un camión había chocado con una
camioneta, el chofer de la chata se había llevado la peor parte (eso lo sabría mucho
después). Me impresiono todo aquello, ver a los otros vehículos alumbrando la
escena del accidente, ya me imaginaba a la ambulancia y a la policía arribando
al lugar, tendría que cambiar la ruta y llegar a Jujuy por el lado de rio
blanco.
No repare en
ese momento en lo que el anciano me había dicho, pero también me preocupaba el,
le dije que no se bajara, que me esperara en el auto, solo levanto la mano y me
sonrió. Me fui a la confitería del lugar y le compre un agua mineral y unos
sanguches de miga, así mientras descansaba podía reponer energías comiendo y
tomando algo.
Para cuando volví,
dentro de mi vehículo no había nadie, pensé que se había bajado aprovechando mi
descuido al buscar las cosas y pagar todo en caja, me dirigí al baño a ver si está
allí y nada. Pensaba que no quería seguir molestándome (tal vez él pensaba eso)
Estaba a
punto de subirme para continuar mi viaje cuando se me ocurrió hablar con el
playero para entregarle las cosas por si lo llegaba a ver, al vivir en las
inmediaciones a lo mejor lo conocía.
En ese
momento fue precisamente mi susto, el playero me dijo que no conocía a nadie así,
pero que había oído historias de un viejito que murió en los 80 por ese sector
y que de tanto en tanto se le aparece a los choferes para advertirles de un
accidente y a los irresponsables asustarlos.
Realmente no
puedo describir mi reacción, no caía por lo que había pasado, en mi cabeza
estaba la posibilidad de que el accidente que había visto podría haber sido mío,
yo tendría que estar en esa situación. No sé como pero arranque y con las manos
muy sudorosas volví a la ruta. Me temblaba todo el cuerpo, trataba de acordarme
del viejito, pero su cara ya a esas alturas me era irreconocible, mientras más
trataba de hacerme una imagen en la cabeza, más detalles olvidaba.
Llegue a
Jujuy, visite a mi familiar y salimos a cenar, le conté lo vivido y el solo se
impresiono, me contó de otras historias que él había oído hablar, pero que son
del lugar en donde él está actualmente, historias de aparecidos y demás cosas.
Trato de
darme calma, me sugirió que tal vez el viejito se había bajado y ya recuperado siguió
su caminata en vez de quedarse en donde estaba yo, tenía algo de lógica, pero
lo que me había comentado el playero me sembraba más dudas, no creo que me haya
querido gastar una broma.
Ya volviendo
al hotel nos despedimos con la promesa de una visita a ya sea a su casa o la mía,
nos dimos un gran abrazo y casi como recordándome el incidente me dijo que me
fije bien en la ruta y me cuide de no levantar velocidad. No había apuro para
volver a casa, además hay que llegar sano, esa es la idea.
Ya más
tranquilo, con los recuerdos frescos de la larga charla, la cena con anécdotas y
los saludos para toda la familia me dispuse a volver. Tenía todavía el agua
mineral, así que le di un trago, pensaba en manejar lo más despacio posible, no
me importaba tardar media hora o 40 minutos en llegar a mi casa. Lo que sea con
tal de no recordar lo que me había pasado.
Volviendo ya
miraba para todos lados, no me animaba a mirar a las personas que siempre están
al costado de la ruta esperando los remisses o los colectivos, el recuerdo me volvía
a la mente, trataba de convencerme de que lo que paso fue una mera casualidad,
no podría volver a pasarme, era imposible.
Llegando al
puente todo el tramo se me hizo más largo, ya solo quería pasar esa parte y
olvidar todo, no tenía miedo, pero estaba en total alerta, pensé en pisar el
acelerador a fondo y para por fin salir de ahí, pero me venía a la mente la
posibilidad de un accidente, acto seguido, me retumbaba en la cabeza las
palabras de aquel viejito, hubiera querido cerrar los ojos, pero la situación me
lo impedía.
Una vez
terminado el trayecto del puente me sentí aliviado, quería llegar a casa,
bañarme y tirarme a dormir, me sentía extenuado, no quería dar explicaciones ni
menos contar todo para traer el recuerdo a mi cabeza.
Se me ocurrió
prender la radio, así olvidaría todo, la música ayuda a relajarse, en el
momento en el que me incline un poco para prender el estéreo un vehículo me
adelantaba mientras que otro se ponía detrás mío para poder adelantar toda esa
luz dentro de mi coche me ayudo a prender la radio y darle volumen, en ese
instante, pienso que fue por un acto reflejo mire por el retrovisor y vi una
figura que podría jurar era el anciano que había levantado. A duras penas pode
controlar el auto, estire la mano para prender la luz y volver a mirar por el
retrovisor, no había nadie.
No sé si habrá
sido el estado de alteración que tenia o si en efecto la historia que me
contaron es verdad, pero eso sí que no me lo olvido nunca más.
Fin.
domingo, 18 de junio de 2017
Las 5 personas más buscadas de la historia que nunca fueron encontradas ...
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TOP: Las 7 pesadillas más grotescas padecidas por enfermos mentales (o g...
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sábado, 17 de junio de 2017
martes, 13 de junio de 2017
domingo, 11 de junio de 2017
martes, 6 de junio de 2017
Leyendas urbanas de Perico
Leyendas
Urbanas de Perico
Hoy: El Ekeko.
Esto me pasó
hace mucho tiempo, cuando tenía 10 años más o menos, vivía con mis padres en la
casa de mi abuelo (padre de mi mama). La casa es un lote grande y antiguamente
fue un inquilinato, en la actualidad solo queda la casa principal, de las
piezas, solo quedan vestigios ya que la gran mayoría solo eran de adobe.
Mi abuelo había
enviudado hacia mucho, tal como la gente de antaño, no había vuelto a
formalizar una relación, solo nos tenía a nosotros en su casa y como a mis
viejos ya les habían adjudicado una vivienda, solo estábamos esperando al acto
de entrega para por fin irnos a nuestra casa propia. Él no tenía la costumbre
de darle de comer a la tierra, pero respetaba a quienes lo hacían como es
costumbre aquí en el norte. Así como respetaba también les daba cabida a las
creencias que tienen las personas con respecto figuras como el Ekeko. No
recuerdo quien, pero le regalaron una figura de yeso, era como una persona de
piel morena, sentado en una piedra, con su morral en donde se podía poner hojas
de coca, una ollita para poner semillas o no sé qué otra cosa y una abertura en
la boca para poner un cigarro.
Realmente no
conozco bien las tradiciones respecto a esta figura, pero de lo poco que puedo
recordar es que se lo debía tratar como a una persona normal, había que
saludarlo tocándole la cabeza, cambiarle la coca de tanto en tanto, cambiarle
el cigarro antes de que se apague y si se podía, invitarle un trago de lo que
estemos bebiendo.
Las
consecuencias de no hacerle caso o ignorarlo eran de por si malas, tal como con
la pachamama, se debía tener mucho cuidado, porque de no cumplirle nos podía ir
mal en cualquier ámbito de nuestra vida, incluido el área comercial o laboral.
Por lo menos es lo que me habían contado.
Existe también
la posibilidad de que la imagen este cargada de malas energías o bien que lo
hayan utilizado para ingresar algún trabajo a la casa o persona que se quiere
perjudicar.
Mi abuelo
nunca fumo, no tomaba y menos coqueaba, salvo alguna que otra oportunidad en la
que tal como dictan los remedios caseros, usar un poco o hacerse un té
solucionaba el problema de salud.
Este Ekeko
estaba en una repisa de la sala de la casa de mi abuelo, la primer semana que
estuvo ahí, le pusieron el cigarro, la coca, semillas de maíz y un vasito de
vino blanco. Con el correr de los días su atención se fue disminuyendo,
recuerdo haberlo visto con la colilla del mismo cigarro apagado por más de una
semana, Como mencione antes mi abuelo no tenía vicios y era respetuoso de las
creencias, pero no era algo que fuera muy importante para él.
Como todo
chico yo era bastante inquieto, pero también sabía hasta donde podía llegar, solía
jugar mucho con mis juguetes y también le hacía mucha compañía a mi abuelo. Él tenía
una pila de diarios viejos en un rincón de la casa, una noche me reto e hizo
que mi mama lo hiciera también por haber prendido fuego a esos diarios, no podía
defenderme, sabía que si decía lo que sea el castigo sería peor.
Días después
pude acercarme a los diarios quemados para ver de cerca lo que supuestamente había
hecho, el fuego se había iniciado en el medio de la columna, todos estaban
apilados de tal manera que me era imposible por la edad de moverlos y más aun
de siquiera poder levantarlos para prender fuego en esa parte. Me pareció raro,
pero era mi palabra contra de mis padres y abuelo.
Con el
correr de los días, todo el ambiente enrareció. Mis viejos tenían discusiones
de tonterías, mi abuelo me retaba de cualquier cosa y yo… Solo podía mirar. Una
tarde jugando en el patio oí como me llamaban por mi nombre, asumí que era mi
abuelo, fui a su encuentro, resultaba que él no me había llamado, no había nadie
más en casa.
Siempre me ordenaban
guardar mis juguetes, al ser un terreno grande siempre se creía que en el fondo
había duendes, me decían que si jugaba de noche, ellos vendrían a jugar con lo
que yo dejaba tirado o que me iban a tirar de los pies. Papa me reto un día
porque según él dice que me vio caminar hacia el baño mientras pateaba mi
pelota, la misma estaba a la mañana siguiente en el patio, pero a menos que
haya sufrido solo ese día de sonambulismo no fui yo.
Escuche
conversaciones a cerca de una mujer que se paseaba por las noches, nadie sabía
de qué o porque, me dormía con mucho miedo, algunas veces podía sentir que
alguien se sentaba en mi cama, yo solamente me tapaba la cabeza y rezaba.
Mama se asustó
mucho una madrugada cuando fue a la cocina por un vaso de gaseosa, no sabe cómo
ni porque, pero miro hacia el techo y ahí estaba una bruma negra con ojos
brillantes que la acechaba desde un rincón, momentos antes de salir corriendo
de allí, dijo ver como si esta figura reptara sobre la pared. Papa dijo en una
oportunidad sentir que lo miraban cuando iba al baño, una vez conto que
mientras se bañaba sintió una brisa en la espalda casi como si alguien le
respirara, no sé si se hacia el valiente, pero le costaba creer lo que estaba
pasando. La última vez que lo escuche hablar de eso, fue cuando conto que
mientras se afeitaba se agacho para enjuagarse y al levantar la vista vio a una
figura muy oscura parada detrás de él, cuando se dio vuelta de la sorpresa (pienso
que fue más el susto) no había nada, solo dijo que sintió frio.
Algunos
inquilinos ocasionales decían poder ver en la oscuridad como si muchas personas
caminaran en el fondo, otros directamente no podían dormir porque según ellos
alguien no solo caminaba por los techos, también corría.
Teníamos
perros y sus cuchas estaban en el fondo, todas las noches mi abuelo les llevaba
su comida, era su manera de decir buenas noches, hacia eso y automáticamente se
iba a dormir. Una de esas noches se había quedado hasta más tarde porque estaba
haciendo hervir unos cortes que se había olvidado en el congelador, cuando fue
a dejarles la comida, noto que los canes estaban nerviosos, ladraban y aullaban
descontrolados, el sintió un escalofrío que le indico que algo no estaba bien,
instintivamente se acercó a los perros a fin de alejar a lo que sea que lo
estuviera rondando. La sensación no se iba, por lo que decidió caminar lo más rápido
posible para entrar en la casa, como el fondo era muy oscuro y si a eso le
sumamos que tenía muchas plantas y un jardín, ya de por si mete miedo. Trataba
de mirar para el frente, se dio cuenta que de su derecha había alguien y este
se le acercaba con rapidez.
Papa siempre
leía el diario en el baño, saliendo de ahí se iba a la cocina a buscar algo
para picar y tomar, acto seguido se tiraba a dormir. Llegando a la cocina vio
que la puerta que da al fondo estaba abierta, asumiendo que su suegro estaba
afuera saco la cabeza para ver si todo estaba bien… Mi abuelo estaba tirado en
el piso, llamo a mi mama y mientras lo incorporaban trataban de preguntarle que
le había pasado, el solo gemía de dolor. Pensaron que podía ser un infarto o
cualquier otra cosa, papa tenía a su cargo una camioneta, busco las llaves, lo
subimos y lo llevamos al hospital.
Ya en la
guardia mama hablo con el doctor quien le dijo que se había desvanecido, las
causas se desconocían, pero que de igual forma debía visitar a su médico de
cabecera para poder medicarlo, todavía recuerdo su expresión al salir de ahí, tenía
gasas en el pecho y una cara de susto que me daba miedo. Tenía arañazos, pensé en
los perros pero las marcas eran de un animal mucho más grande y no tenían las clásicas
marcas de tres uñas, sino cuatro.
Resulta que
mientras el volvía a toda marcha vio que se le acercaba una mujer vestida de
negro, como ya estaba casi cerca de la puerta se dio vuelta para ver quién era,
tenía la olla en la mano así que eso bastaría para defenderse. Lo último que
recuerda es que eso ya estaba casi encima de él, no se le podía ver la cara y
de entre su ropa saco las manos, de las cuales asomaban uñas negras de gran
tamaño.
Después de
ese evento llamaron a una curandera quien se dispuso a hacer una limpia, pero
antes de comenzar pidió hacer un recorrido, dijo que no quería saber nada de lo
sucedido, les iba a indicar donde estaba lo que nos asustaba.
La curandera
paseo por toda la casa, sin mediar palabra se dirigió hacia el Ekeko, lo tomo y
pidió que la acompañemos al patio, nos paramos detrás de ella, soltó a la
imagen y con una piedra lo rompió, todo mientras oraba en voz baja. En el
interior se había formado como un nido de hormigas negras, la tierra que tenía
dentro era negra, la curandera miro a mi abuelo y le pregunto si él quería ver
quien lo estaba asustando, le contesto que no, ella le dijo que el Ekeko es una
imagen buena, que estaba controlado porque lo cuidaban los primeros días, pero
que también lo utilizan para hacer trabajos, en su mayoría de muerte.
Metió todo
en una bolsa para llevárselo y hablo con mi abuelo para decirle quien le había estado
haciendo el trabajo, por si él quería que todo se volviera en contra de su “enemigo”
o si simplemente este se diera a conocer por algunas señales de que el trabajo
no se había cumplido, esta persona comenzaría a irle mal, enfermaría o tendría un
muy mal pasar económico. Nunca supe quien fue, pero asumo que lo que le dijo la
curandera fue cierto porque los incidentes nunca se volvieron a repetir, meses más
tarde nos entregaron nuestra casa y hasta el día del fallecimiento de mi abuelo
no volvió a pasar nada en su casa.
Fin.
lunes, 5 de junio de 2017
domingo, 4 de junio de 2017
martes, 30 de mayo de 2017
Leyendas Urbanas de Perico
Hoy: Mi abuela.
Esta historia tiene ya bastante tiempo, no se ambienta en los inicios de nuestra ciudad, de hecho, es relativamente actual.
Concretamente esto me paso cuando mi hija tenía 5 años (hoy 17) y comenzó con los recuerdos de mi abuela. Ella vivía sola (perdón, no voy a dar la ubicación porque es bastante conocida, hasta tengo miedo que por el menor detalle se den cuenta de quién soy) Mi abuelita había enviudado hacia mucho, era la madre de mi papa y cuando él nos llevaba solíamos pasarla bien porque ella tenía muchos juguetes y además un gran fondo, pero nosotros nos limitábamos a jugar hasta lo que sería la mitad de ese fondo, nunca con mis hermanos nos atrevimos a meternos porque en el lugar lo oscurecía todo una gran higuera seguida de mucha maleza y un horno de barro al final del terreno seguido de lo que parecía ser una pieza de adobe que desde que recuerdo siempre estaba cerrada con candado.
Una sola vez recuerdo vagamente cuando mi mama le pregunto que había en el fondo, mi abuela solo contesto “-Que los chicos no vayan para ahí, ahí vive María”.
¿María? Tal vez se había equivocado y quiso decir vivía…
Mi papa no recordaba a nadie con ese nombre, su familia nunca fue acaudalada como para decir que en una época tuvieron una criada.
Tal vez los años estaban haciendo mella en la memoria de mi mama. Papa se conformó y nos dio una supuesta respuesta al misterio y todo concluiría ahí.
Una tarde después del colegio mi papa me llevo a la casona porque mi abuela se había caído y necesitaba atención, mientras mi viejo la atendía salí a jugar un rato a la pelota, ya estaba por oscurecer cuando oí claramente que desde el fondo alguien caminaba. Primeramente mi reacción fue de curiosidad, pensé que se trataba de algún animal y quería verlo.
No pude llegar más que a estar a medio metro de la higuera cuando escuche la risa de una niña, no me pregunten si era de mi misma edad o que se yo, la oí y eso fue todo, sentí una gran necesidad de salir de ahí, menos mal que tenía mi pelota en mi mano, porque seguramente la dejaba ahí tirada, solo atine a ir a sentarme al lado de mi papa y quedarme callado hasta poder retirarnos de ahí. Hasta el día de hoy no sé porque nunca se lo conté a mi viejo.
Conforme pasaban los años me di cuenta que cuando sacábamos los juguetes, antes de irnos mis viejos los guardaban, era algo normal hasta que supe que era por expreso pedido de mi abuela que no quedasen juguetes en el patio, a lo mejor le gustaba tenerlo todo ordenado.
Ya un poco más grande y solo si necesitaba guita me acercaba a la casa de mi abuela, ella siempre nos consentía bastante y no le sobraba, pero mi abuelo le había dejado sus ahorros de toda la vida y la pensión que cobraba era para los impuestos, el resto podía darse el lujo de pagarnos lo que quisiéramos.
Una noche, cuando yo estaba de novio, me acerque a su casa para pedirle algo y así poder invitar a mi novia al boliche y pasar un rato juntos, no piensen mal, no era que entraba y le pedía de una, estaba un buen rato hablaba con ella le hacía compañía y como siempre, se daba cuenta de la situación no me preguntaba cuanto necesitaba, siempre bajo su almohada estaba su monedero, sacaba la plata y me la entregaba con el puño cerrado para que yo no viese el importe y también era como nuestro juego, yo lo agarraba y ni miraba, lo metía en mi bolsillo y recién podía ver cuando salía de su casa.
Esa misma noche, me senté en la cocina y miraba para la sala, donde estaban los juguetes, luego, casi como acto reflejo me di vuelta para mirar al patio y su gran fondo. Pude observar claramente una figura con ropa blanca y de ojos rojos se perdía en la oscuridad. Me había estado observando.
No voy a negar que sentí miedo, pero como no era la primera vez que me pasaba algo así solo me levante y me fui a la pieza de mi abuela para preguntarle qué pasaba allí.
Comenzó contándome historias de duendes, ustedes ya saben, que viven en los hornos y sus jugarretas, nada de mucha importancia, hasta que antes de comentarle lo que vi en la higuera. Ella solo comenzó su relato con lo que según las creencias, la planta de higos, se cree que es una planta del diablo, lugar de juego de los duendes, si alguien quiere pactar solo debe presentarse ahí a las 12 en punto, a esa altura ya sabía que algo no andaba bien.
Me conto que antiguamente, cuando la casa ya estaba casi terminada, mi abuelo solía tener como una especie de cantina adelante y una noche, el con varios de sus clientes y amigos se embriagaron hasta casi perder el conocimiento, en esa época el baño era un pozo ciego en el fondo de la misma, casi al lado de la higuera, si, debía ser terrorífico ir al baño de madrugada en aquellos años. Pero en la noche que me estaba contando resulta que al otro día una persona amaneció muerta al pie de la higuera, nunca supieron que paso, si fue por el alcohol, una enfermedad o qué, pero esa persona yacía ahí.
Desde aquella oportunidad mi abuelo le haría contado que varias veces le pareció ver a una persona parada al lado de la higuera, vestido de negro y con los ojos totalmente rojos. Ella prefería hacer sus necesidades dentro de la casa, conto que le silbaban, desde la oscuridad le tiraron el cabello y hasta le susurraron su nombre.
Yo estaba a punto de decirle lo que había visto cuando ella me dijo: “-Ese mismo año apareció María”
¿Otra vez ese nombre? ¡Pero quien era!
No me quiso contar mucho al respecto, tal vez a propósito obviaba situaciones o personas, lo hacía casi como si desvariara en lo que contaba.
Concretamente la historia es la siguiente: María se apareció al pie de la higuera, era muy bonita y mi abuela quien nunca tuvo la dicha de tener una hija la adopto como suya, además en su infancia nunca tuvo juguetes, por lo que muy a pesar de ser ya grande, si bien no jugaba con ella le hablaba como si se tratase de algo normal, no dormía con ella pero se podía pasear por toda la casa.
Por si no se dieron cuenta, María era una muñeca, pero algo no cuadraba en lo que me acababa de contar. ¿Cómo podía una muñeca pasearse por la casa?
La deje descansar, me di cuenta de que mientras hablaba, a cada rato miraba a la ventana que casualmente da hacia el patio, como esperando ver a alguien y no era una mirada de esperanza, más bien le preocupaba.
Ya esta situación me estaba molestando pero como todo joven lo olvidé pronto. Pasaron varios años y mi abuelita comenzó a enfermar, mi viejo no tuvo otra que hacerla internar. Con mis hermanos nos turnábamos para acompañarla, yo ya me había casado y mi hija acababa de cumplir los 4 años. En sus ratos de lucidez hablábamos de la infancia de mi viejo, de mi abuelo, al que si bien conocí de muy chico nunca pude recordarlo.
Todavía recuerdo la última noche con mi abuela, había mejorado notablemente, estábamos charlando muy animadamente, nos reíamos de sus anécdotas, era todo en un ambiente muy tranquilo. Antes de que nos quedemos solos había estado mi mujer con mi niña, la hicimos sentar en su falda, ella se sentía muy feliz de tener una nena en sus brazos, lo podía ver en sus ojos, casi con lágrimas se despidió y ya se acostó, yo comencé a acomodarme en la silla, no iba a dormirme en seguida, así que empecé a leer una revista.
No tuve en cuenta que ella seguía despierta, tenía una mirada como de preocupación, le pregunte que le pasaba pensando que ya tenía ganas de que le dieran el alta. Esta vez, ella comenzó el relato.
Primero me pidió que conserváramos la casa, el recuerdo valía más que cualquier dinero, después hablo que en sueños vio a su esposo, quien le pedía que vaya con el (en ese momento me sumí en una gran tristeza, aunque no lo dije, sabía que se estaba despidiendo) por ultimo me dijo que María está muy triste, porque ya no era su consentida y que ella no quería a los chicos, por eso la tuvo que encerrar en el fondo, por eso nadie llega hasta ahí.
No tuve tiempo de procesar lo ocurrido, al otro día ella no reacciono, estuvo una semana y cuando el doctor nos dijo que era cuestión de tiempo, esa misma noche dejo de luchar.
Días después del velorio, con mis hermanos nos pusimos de acuerdo para ir a limpiar la casa, como no podíamos ir todos juntos el mismo día, nos turnábamos y asignábamos sectores para limpiar.
El último día estuvimos todos, menos mi viejo, obviamente por el dolor que le causaba todo lo ocurrido recientemente.
Empezamos macheteando lo que era maleza íbamos por los bordes para dejar lo más pesado para el ultimo, cuando vi la piecita se me erizo la piel, no quise decir nada, solo esperaba a que alguien la quisiera abrir, porque yo no me animaba y también la curiosidad me mataba.
La puerta no tenía manija. Solo la rodeaba una cadena con un gran candado del que seguramente no habría llave, además de que por el paso de los años estaba muy viejo.
Uno de mis hermanos se dispuso a abrir la pieza, pero yo tímidamente le dije que lo dejara así, tal vez las cosas guardadas allí eran tan viejas que ya ni servirían o a lo mejor sería un nido de ratas o vaya uno a saber qué.
No se rieron de mí, pero ellos también sabían que no nos dejaban acercarnos a ese lugar, mi abuela también se los había dicho (después sabría que no todo) ya somos grandes como para andar con chiquilinadas dijeron y con un golpe seco forzaron el candado.
Lo único que pude hacer fue pararme de frente para ver que había ahí, mis hermanos comenzaron a sacar todo del interior. Ropa vieja, cajas con muchas cosas inservibles herramientas, pero una destacaba del resto, era vieja, llena de tierra pero a diferencia del resto no estaba rota, solo había acumulado tierra, pareciera que ni las cucarachas la hubieran tocado. Como cazadores de tesoros mis hermanos empezaron a abrir las cajas, a buscar algo valioso ahí dentro después de años de encierro, yo solamente agarre la caja grande pero no podía abrirla.
Me miraban como si yo escondiera algo o como si supiera que dentro de esa caja hubiera lo único valioso de esa pieza.
No sé cómo, no lo recuerdo, pero nuestras mujeres se acercaron a ver qué pasaba, de la mano de mi esposa mi hija me abrazo la pierna y señalaba la caja, ante la insistencia de todos tuve que abrirla. Dentro estaba una muñeca de porcelana, el tiempo no había pasado para ella, la ropa presentaba algunas manchas pero lo que era el pelo, la pintura y los detalles estaban impecables.
Juro que no me detuve a pensar en la muñeca, mi hija solo la señalaba y me la pedía, por supuesto nadie se opuso a que ella la tuviera, pero no podía dársela así nomas, había que lavar la ropita, limpiar la muñeca y recién entregársela.
Mi esposa hizo el trabajo, la llevamos a mi casa, no pasó nada, la alegría de mi hija era inmensa. Pasaron meses hasta que me percaté de que las llaves de mi auto no estaban donde las dejaba usualmente, mis cosas desaparecían y volvían a aparecer rato más tarde pero en otro lugar. Soy una persona muy meticulosa con sus cosas, por lo que estos detalles no los pasaba por alto, un día medio cansado le reclame a mi mujer lo sucedido, ante su negativa so lo quedaba retar a mi hija, ella por supuesto se negó en todo momento.
En una oportunidad, me había quedado con unos compañeros a tomar unas cervezas después de un partido, no, no estaba pasado de copas, usualmente no soy de tomar hasta emborracharme, llegue a mi casa y al entrar oí risas que venían de la pieza de mi nena, abrí la puerta pero no pasaba nada, ella estaba profundamente dormida.
En otra oportunidad deje mis llaves donde siempre, no pasaron ni 10 minutos que tuve que salir de urgencia a mi trabajo, las llaves ya no estaban en su lugar, las busque por todos lados, ya me estaba desesperando al mismo tiempo que comenzaba a enojarme. Me dirigí hacia donde estaba jugando mi hija, ella estaba jugando a la cocinita ensimismada en su mundo, solo pude ver mis llaves al lado de la muñeca de porcelana. No pensé en nada más, solo en ir rápido a donde me necesitaban.
Habían noches en las que podía escuchar como si alguien caminara como recorriendo mi casa.
La cosa se puso peor cuando vi como mi hijita tenía una marca en la pierna como si alguien o algo la hubiera arañado, primero pensé que había pasado en el colegio pero no, hable con mi señora y estaba tan sorprendida como yo, no me quedo otra que hablar con ella, mientras la interrogaba note como se ponía nerviosa, pensé en 10.000 cosas y me asustaba pensar en lo que estaba pasando, con lo que uno ve en las noticias realmente pasaron muchas cosas por mi cabeza.
Mi hija eludía las preguntas, me ponía cada vez peor hasta que dijo algo en voz baja que me dejo helado… “- No quiero que la Mari me escuche”.
¿Mari? ¿Quién es Mari? Solo miro para el rincón donde estaba la muñeca, en ese momento recordé todo. Mi abuela, sus historias, porque no debíamos abrir la pieza de adobe y por sobre todas las cosas, Mari… María…
No iba a quitarle la muñeca a mi hija, solo espere a que ella se durmiera para poder sacarla y así evitaría que ella llorara o lo que sea que pase, la metí en una bolsa de tela y la ate, acto seguido la deje en el baúl de mi auto, al otro día la llevaría a donde tenía que quedarse.
Apenas Salí de mi trabajo llame a mi esposa y le dije que tardaría unos 20 minutos por otras cosas que tenía que hacer, fui a la feria y compre un candado y me fui a la casa de mi abuela, afortunadamente tengo un duplicado de la puerta, por lo que entrar no era problema. Al bajar de mi auto abrí el capó, juro haber atado la bolsa. Pero sin embargo ahí estaba la muñeca sentada, fuera de la bolsa ya hasta me daba miedo tocarla. Sentí mucho más miedo al entrar a la casa, sentía una presencia, me asusta decir que probablemente era mi abuela, trate de no mirar a ningún lado, podía percibir que me estaban mirando, lo más rápido que pude agarre a esa cosa, la volví a meter en la bolsa ajuste el nudo con todas mis fuerzas y la tire dentro de la pieza.
Me temblaban las manos, escuchaba ruidos, pensaba que se estaba desatando, que algo me estaba asechando el corazón me latía casi como queriendo salirse de mi pecho, no sé cómo, pero logre pasar la cadena de lado a lado y cerré todo con el candado, como un acto reflejo tire las llaves del candado para que nadie pudiera abrirlo, tenía las manos sucias de tanta tierra pegada producto de mi intenso sudor, apenas le di la espalda al lugar supe que no debía mirar hacia atrás, tenía que salir lo más rápido posible, recuerdo que pensaba en salir corriendo pero del miedo solo caminaba, juro por Dios que podía sentir a alguien o algo que estaba a punto de agarrarme. Me sentí aliviado de llegar a la calle, cerré la puerta y jure nunca volver solo a la casa. En ese momento no sabía que me estaba equivocando…
Esa noche no dormí nada bien, tuve pesadillas, todas relacionadas con María (si, era una muñeca pero a estas alturas ya no sabía cómo llamarla) podía escuchar pasos en mi casa, primero pensé que era producto de mi sueño o la terrible vivencia me hacía retumbar todo en mi cabeza, no estaba tranquilo, no hacia otra cosa más que pensar.
Me levante al baño, quería pegarme una ducha, tal vez así conciliaría el sueño, podría descansar, en el momento que me disponía a quitarme la ropa escuche que alguien caminaba y se reía. Salí con mucho miedo y comencé a recorrer mi casa, no alce la voz porque dentro mío ya asumía lo que pasaba. Camine por todos lados y no encontré nada, por un instante me tranquilice, ya no pensaba en bañarme, volví a apagar la luz del baño y pude ver con claridad como del agua en el piso salían huellas como de pisada de un niño.
Corrí hasta la pieza de mi hija y ella está dormida, le toque los pies para asegurarme que no fuera ella y no había forma de que fuera ella, después de unos segundos me percaté de que las huellas eran más pequeñas de las que podría hacer mi hija. En ese momento se oyó como caía un juego de llaves, en el piso de la cocina estaban las llaves de mi vehículo pero en el llavero había dos llaves más que yo nunca tuve. Todavía recuerdo el escalofrío que me recorrió todo el cuerpo al ver que esas llaves eran del candado donde había encerrado a la muñeca.
Tenía mucho miedo, pero no podía permitir que la situación siguiera. Agarre un rosario bendecido que mi señora tiene y agua bendita que le había dado mi suegra, con todo y eso no me sentía protegido, me sentía como si tuviese 10 años. Me arme de valor y volví a la casa de mi abuela, sabia a lo que me enfrentaba, pero como dije antes, no podía dejar que esto siga. Entre rezando, prendí todas las luces, para ir al fondo lleve una de mis linternas más potentes, recuerdo haber estado más de 5 minutos intentando meter la llave en el candado, recuerdo oír pasos a mi alrededor. Cuando por fin pude abrir la puerta, ahí estaba, nuevamente fuera de la bolsa, mientras la insultaba comencé a cavar un pozo ahí nomás, rezaba, la miraba y la insultaba.
Una vez logrado el objetivo me dispuse a rezarle como si de un entierro se tratase, esta vez, la bolsa la dejaría abajo como una especie de colchón y con mucho cuidado la puse en el pozo, seguía rezando y no le sacaba la vista de encima, para terminar con todo de una maldita vez le tire un poco de agua bendita mientras le rezaba, en ese preciso momento se escuchó claramente como si la porcelana se rajara, no me atreví a alzarla para ver donde se había roto. Segundos antes de comenzar a enterrarla pude ver como de entre su ropa salían muchas hormigas negras, me impresiono ver eso, pero interiormente sabía que todo había terminado.
Volví a mi casa y me dormí ya del cansancio, pasaron los días y ya no pasaba nada en especial, con el tiempo me auto convencí de que nada había pasado hasta hace unos días, en el que fui a visitar la tumba de mi abuela. Mientras le dejaba flores y limpiaba el lugar llego justo una vecina, me saludo con mucho afecto, charlamos de lo amigas que eran y de lo mucho que se hacía extrañar. No recuerdo como salió el tema de conversación, pero yo escucho tu programa todos los viernes y esta señora casualmente también, en el momento que hablábamos del programa, justo un momento antes de despedirme esta señora me dijo que le pase misa a mi abuela, porque en estos últimos días ella escucha como que una mujer llora, el sonido proviene de la casa de mi abuela, algunas veces el llanto es más fuerte en la madrugada y proviene del fondo.
Fin.
Esta historia tiene ya bastante tiempo, no se ambienta en los inicios de nuestra ciudad, de hecho, es relativamente actual.
Concretamente esto me paso cuando mi hija tenía 5 años (hoy 17) y comenzó con los recuerdos de mi abuela. Ella vivía sola (perdón, no voy a dar la ubicación porque es bastante conocida, hasta tengo miedo que por el menor detalle se den cuenta de quién soy) Mi abuelita había enviudado hacia mucho, era la madre de mi papa y cuando él nos llevaba solíamos pasarla bien porque ella tenía muchos juguetes y además un gran fondo, pero nosotros nos limitábamos a jugar hasta lo que sería la mitad de ese fondo, nunca con mis hermanos nos atrevimos a meternos porque en el lugar lo oscurecía todo una gran higuera seguida de mucha maleza y un horno de barro al final del terreno seguido de lo que parecía ser una pieza de adobe que desde que recuerdo siempre estaba cerrada con candado.
Una sola vez recuerdo vagamente cuando mi mama le pregunto que había en el fondo, mi abuela solo contesto “-Que los chicos no vayan para ahí, ahí vive María”.
¿María? Tal vez se había equivocado y quiso decir vivía…
Mi papa no recordaba a nadie con ese nombre, su familia nunca fue acaudalada como para decir que en una época tuvieron una criada.
Tal vez los años estaban haciendo mella en la memoria de mi mama. Papa se conformó y nos dio una supuesta respuesta al misterio y todo concluiría ahí.
Una tarde después del colegio mi papa me llevo a la casona porque mi abuela se había caído y necesitaba atención, mientras mi viejo la atendía salí a jugar un rato a la pelota, ya estaba por oscurecer cuando oí claramente que desde el fondo alguien caminaba. Primeramente mi reacción fue de curiosidad, pensé que se trataba de algún animal y quería verlo.
No pude llegar más que a estar a medio metro de la higuera cuando escuche la risa de una niña, no me pregunten si era de mi misma edad o que se yo, la oí y eso fue todo, sentí una gran necesidad de salir de ahí, menos mal que tenía mi pelota en mi mano, porque seguramente la dejaba ahí tirada, solo atine a ir a sentarme al lado de mi papa y quedarme callado hasta poder retirarnos de ahí. Hasta el día de hoy no sé porque nunca se lo conté a mi viejo.
Conforme pasaban los años me di cuenta que cuando sacábamos los juguetes, antes de irnos mis viejos los guardaban, era algo normal hasta que supe que era por expreso pedido de mi abuela que no quedasen juguetes en el patio, a lo mejor le gustaba tenerlo todo ordenado.
Ya un poco más grande y solo si necesitaba guita me acercaba a la casa de mi abuela, ella siempre nos consentía bastante y no le sobraba, pero mi abuelo le había dejado sus ahorros de toda la vida y la pensión que cobraba era para los impuestos, el resto podía darse el lujo de pagarnos lo que quisiéramos.
Una noche, cuando yo estaba de novio, me acerque a su casa para pedirle algo y así poder invitar a mi novia al boliche y pasar un rato juntos, no piensen mal, no era que entraba y le pedía de una, estaba un buen rato hablaba con ella le hacía compañía y como siempre, se daba cuenta de la situación no me preguntaba cuanto necesitaba, siempre bajo su almohada estaba su monedero, sacaba la plata y me la entregaba con el puño cerrado para que yo no viese el importe y también era como nuestro juego, yo lo agarraba y ni miraba, lo metía en mi bolsillo y recién podía ver cuando salía de su casa.
Esa misma noche, me senté en la cocina y miraba para la sala, donde estaban los juguetes, luego, casi como acto reflejo me di vuelta para mirar al patio y su gran fondo. Pude observar claramente una figura con ropa blanca y de ojos rojos se perdía en la oscuridad. Me había estado observando.
No voy a negar que sentí miedo, pero como no era la primera vez que me pasaba algo así solo me levante y me fui a la pieza de mi abuela para preguntarle qué pasaba allí.
Comenzó contándome historias de duendes, ustedes ya saben, que viven en los hornos y sus jugarretas, nada de mucha importancia, hasta que antes de comentarle lo que vi en la higuera. Ella solo comenzó su relato con lo que según las creencias, la planta de higos, se cree que es una planta del diablo, lugar de juego de los duendes, si alguien quiere pactar solo debe presentarse ahí a las 12 en punto, a esa altura ya sabía que algo no andaba bien.
Me conto que antiguamente, cuando la casa ya estaba casi terminada, mi abuelo solía tener como una especie de cantina adelante y una noche, el con varios de sus clientes y amigos se embriagaron hasta casi perder el conocimiento, en esa época el baño era un pozo ciego en el fondo de la misma, casi al lado de la higuera, si, debía ser terrorífico ir al baño de madrugada en aquellos años. Pero en la noche que me estaba contando resulta que al otro día una persona amaneció muerta al pie de la higuera, nunca supieron que paso, si fue por el alcohol, una enfermedad o qué, pero esa persona yacía ahí.
Desde aquella oportunidad mi abuelo le haría contado que varias veces le pareció ver a una persona parada al lado de la higuera, vestido de negro y con los ojos totalmente rojos. Ella prefería hacer sus necesidades dentro de la casa, conto que le silbaban, desde la oscuridad le tiraron el cabello y hasta le susurraron su nombre.
Yo estaba a punto de decirle lo que había visto cuando ella me dijo: “-Ese mismo año apareció María”
¿Otra vez ese nombre? ¡Pero quien era!
No me quiso contar mucho al respecto, tal vez a propósito obviaba situaciones o personas, lo hacía casi como si desvariara en lo que contaba.
Concretamente la historia es la siguiente: María se apareció al pie de la higuera, era muy bonita y mi abuela quien nunca tuvo la dicha de tener una hija la adopto como suya, además en su infancia nunca tuvo juguetes, por lo que muy a pesar de ser ya grande, si bien no jugaba con ella le hablaba como si se tratase de algo normal, no dormía con ella pero se podía pasear por toda la casa.
Por si no se dieron cuenta, María era una muñeca, pero algo no cuadraba en lo que me acababa de contar. ¿Cómo podía una muñeca pasearse por la casa?
La deje descansar, me di cuenta de que mientras hablaba, a cada rato miraba a la ventana que casualmente da hacia el patio, como esperando ver a alguien y no era una mirada de esperanza, más bien le preocupaba.
Ya esta situación me estaba molestando pero como todo joven lo olvidé pronto. Pasaron varios años y mi abuelita comenzó a enfermar, mi viejo no tuvo otra que hacerla internar. Con mis hermanos nos turnábamos para acompañarla, yo ya me había casado y mi hija acababa de cumplir los 4 años. En sus ratos de lucidez hablábamos de la infancia de mi viejo, de mi abuelo, al que si bien conocí de muy chico nunca pude recordarlo.
Todavía recuerdo la última noche con mi abuela, había mejorado notablemente, estábamos charlando muy animadamente, nos reíamos de sus anécdotas, era todo en un ambiente muy tranquilo. Antes de que nos quedemos solos había estado mi mujer con mi niña, la hicimos sentar en su falda, ella se sentía muy feliz de tener una nena en sus brazos, lo podía ver en sus ojos, casi con lágrimas se despidió y ya se acostó, yo comencé a acomodarme en la silla, no iba a dormirme en seguida, así que empecé a leer una revista.
No tuve en cuenta que ella seguía despierta, tenía una mirada como de preocupación, le pregunte que le pasaba pensando que ya tenía ganas de que le dieran el alta. Esta vez, ella comenzó el relato.
Primero me pidió que conserváramos la casa, el recuerdo valía más que cualquier dinero, después hablo que en sueños vio a su esposo, quien le pedía que vaya con el (en ese momento me sumí en una gran tristeza, aunque no lo dije, sabía que se estaba despidiendo) por ultimo me dijo que María está muy triste, porque ya no era su consentida y que ella no quería a los chicos, por eso la tuvo que encerrar en el fondo, por eso nadie llega hasta ahí.
No tuve tiempo de procesar lo ocurrido, al otro día ella no reacciono, estuvo una semana y cuando el doctor nos dijo que era cuestión de tiempo, esa misma noche dejo de luchar.
Días después del velorio, con mis hermanos nos pusimos de acuerdo para ir a limpiar la casa, como no podíamos ir todos juntos el mismo día, nos turnábamos y asignábamos sectores para limpiar.
El último día estuvimos todos, menos mi viejo, obviamente por el dolor que le causaba todo lo ocurrido recientemente.
Empezamos macheteando lo que era maleza íbamos por los bordes para dejar lo más pesado para el ultimo, cuando vi la piecita se me erizo la piel, no quise decir nada, solo esperaba a que alguien la quisiera abrir, porque yo no me animaba y también la curiosidad me mataba.
La puerta no tenía manija. Solo la rodeaba una cadena con un gran candado del que seguramente no habría llave, además de que por el paso de los años estaba muy viejo.
Uno de mis hermanos se dispuso a abrir la pieza, pero yo tímidamente le dije que lo dejara así, tal vez las cosas guardadas allí eran tan viejas que ya ni servirían o a lo mejor sería un nido de ratas o vaya uno a saber qué.
No se rieron de mí, pero ellos también sabían que no nos dejaban acercarnos a ese lugar, mi abuela también se los había dicho (después sabría que no todo) ya somos grandes como para andar con chiquilinadas dijeron y con un golpe seco forzaron el candado.
Lo único que pude hacer fue pararme de frente para ver que había ahí, mis hermanos comenzaron a sacar todo del interior. Ropa vieja, cajas con muchas cosas inservibles herramientas, pero una destacaba del resto, era vieja, llena de tierra pero a diferencia del resto no estaba rota, solo había acumulado tierra, pareciera que ni las cucarachas la hubieran tocado. Como cazadores de tesoros mis hermanos empezaron a abrir las cajas, a buscar algo valioso ahí dentro después de años de encierro, yo solamente agarre la caja grande pero no podía abrirla.
Me miraban como si yo escondiera algo o como si supiera que dentro de esa caja hubiera lo único valioso de esa pieza.
No sé cómo, no lo recuerdo, pero nuestras mujeres se acercaron a ver qué pasaba, de la mano de mi esposa mi hija me abrazo la pierna y señalaba la caja, ante la insistencia de todos tuve que abrirla. Dentro estaba una muñeca de porcelana, el tiempo no había pasado para ella, la ropa presentaba algunas manchas pero lo que era el pelo, la pintura y los detalles estaban impecables.
Juro que no me detuve a pensar en la muñeca, mi hija solo la señalaba y me la pedía, por supuesto nadie se opuso a que ella la tuviera, pero no podía dársela así nomas, había que lavar la ropita, limpiar la muñeca y recién entregársela.
Mi esposa hizo el trabajo, la llevamos a mi casa, no pasó nada, la alegría de mi hija era inmensa. Pasaron meses hasta que me percaté de que las llaves de mi auto no estaban donde las dejaba usualmente, mis cosas desaparecían y volvían a aparecer rato más tarde pero en otro lugar. Soy una persona muy meticulosa con sus cosas, por lo que estos detalles no los pasaba por alto, un día medio cansado le reclame a mi mujer lo sucedido, ante su negativa so lo quedaba retar a mi hija, ella por supuesto se negó en todo momento.
En una oportunidad, me había quedado con unos compañeros a tomar unas cervezas después de un partido, no, no estaba pasado de copas, usualmente no soy de tomar hasta emborracharme, llegue a mi casa y al entrar oí risas que venían de la pieza de mi nena, abrí la puerta pero no pasaba nada, ella estaba profundamente dormida.
En otra oportunidad deje mis llaves donde siempre, no pasaron ni 10 minutos que tuve que salir de urgencia a mi trabajo, las llaves ya no estaban en su lugar, las busque por todos lados, ya me estaba desesperando al mismo tiempo que comenzaba a enojarme. Me dirigí hacia donde estaba jugando mi hija, ella estaba jugando a la cocinita ensimismada en su mundo, solo pude ver mis llaves al lado de la muñeca de porcelana. No pensé en nada más, solo en ir rápido a donde me necesitaban.
Habían noches en las que podía escuchar como si alguien caminara como recorriendo mi casa.
La cosa se puso peor cuando vi como mi hijita tenía una marca en la pierna como si alguien o algo la hubiera arañado, primero pensé que había pasado en el colegio pero no, hable con mi señora y estaba tan sorprendida como yo, no me quedo otra que hablar con ella, mientras la interrogaba note como se ponía nerviosa, pensé en 10.000 cosas y me asustaba pensar en lo que estaba pasando, con lo que uno ve en las noticias realmente pasaron muchas cosas por mi cabeza.
Mi hija eludía las preguntas, me ponía cada vez peor hasta que dijo algo en voz baja que me dejo helado… “- No quiero que la Mari me escuche”.
¿Mari? ¿Quién es Mari? Solo miro para el rincón donde estaba la muñeca, en ese momento recordé todo. Mi abuela, sus historias, porque no debíamos abrir la pieza de adobe y por sobre todas las cosas, Mari… María…
No iba a quitarle la muñeca a mi hija, solo espere a que ella se durmiera para poder sacarla y así evitaría que ella llorara o lo que sea que pase, la metí en una bolsa de tela y la ate, acto seguido la deje en el baúl de mi auto, al otro día la llevaría a donde tenía que quedarse.
Apenas Salí de mi trabajo llame a mi esposa y le dije que tardaría unos 20 minutos por otras cosas que tenía que hacer, fui a la feria y compre un candado y me fui a la casa de mi abuela, afortunadamente tengo un duplicado de la puerta, por lo que entrar no era problema. Al bajar de mi auto abrí el capó, juro haber atado la bolsa. Pero sin embargo ahí estaba la muñeca sentada, fuera de la bolsa ya hasta me daba miedo tocarla. Sentí mucho más miedo al entrar a la casa, sentía una presencia, me asusta decir que probablemente era mi abuela, trate de no mirar a ningún lado, podía percibir que me estaban mirando, lo más rápido que pude agarre a esa cosa, la volví a meter en la bolsa ajuste el nudo con todas mis fuerzas y la tire dentro de la pieza.
Me temblaban las manos, escuchaba ruidos, pensaba que se estaba desatando, que algo me estaba asechando el corazón me latía casi como queriendo salirse de mi pecho, no sé cómo, pero logre pasar la cadena de lado a lado y cerré todo con el candado, como un acto reflejo tire las llaves del candado para que nadie pudiera abrirlo, tenía las manos sucias de tanta tierra pegada producto de mi intenso sudor, apenas le di la espalda al lugar supe que no debía mirar hacia atrás, tenía que salir lo más rápido posible, recuerdo que pensaba en salir corriendo pero del miedo solo caminaba, juro por Dios que podía sentir a alguien o algo que estaba a punto de agarrarme. Me sentí aliviado de llegar a la calle, cerré la puerta y jure nunca volver solo a la casa. En ese momento no sabía que me estaba equivocando…
Esa noche no dormí nada bien, tuve pesadillas, todas relacionadas con María (si, era una muñeca pero a estas alturas ya no sabía cómo llamarla) podía escuchar pasos en mi casa, primero pensé que era producto de mi sueño o la terrible vivencia me hacía retumbar todo en mi cabeza, no estaba tranquilo, no hacia otra cosa más que pensar.
Me levante al baño, quería pegarme una ducha, tal vez así conciliaría el sueño, podría descansar, en el momento que me disponía a quitarme la ropa escuche que alguien caminaba y se reía. Salí con mucho miedo y comencé a recorrer mi casa, no alce la voz porque dentro mío ya asumía lo que pasaba. Camine por todos lados y no encontré nada, por un instante me tranquilice, ya no pensaba en bañarme, volví a apagar la luz del baño y pude ver con claridad como del agua en el piso salían huellas como de pisada de un niño.
Corrí hasta la pieza de mi hija y ella está dormida, le toque los pies para asegurarme que no fuera ella y no había forma de que fuera ella, después de unos segundos me percaté de que las huellas eran más pequeñas de las que podría hacer mi hija. En ese momento se oyó como caía un juego de llaves, en el piso de la cocina estaban las llaves de mi vehículo pero en el llavero había dos llaves más que yo nunca tuve. Todavía recuerdo el escalofrío que me recorrió todo el cuerpo al ver que esas llaves eran del candado donde había encerrado a la muñeca.
Tenía mucho miedo, pero no podía permitir que la situación siguiera. Agarre un rosario bendecido que mi señora tiene y agua bendita que le había dado mi suegra, con todo y eso no me sentía protegido, me sentía como si tuviese 10 años. Me arme de valor y volví a la casa de mi abuela, sabia a lo que me enfrentaba, pero como dije antes, no podía dejar que esto siga. Entre rezando, prendí todas las luces, para ir al fondo lleve una de mis linternas más potentes, recuerdo haber estado más de 5 minutos intentando meter la llave en el candado, recuerdo oír pasos a mi alrededor. Cuando por fin pude abrir la puerta, ahí estaba, nuevamente fuera de la bolsa, mientras la insultaba comencé a cavar un pozo ahí nomás, rezaba, la miraba y la insultaba.
Una vez logrado el objetivo me dispuse a rezarle como si de un entierro se tratase, esta vez, la bolsa la dejaría abajo como una especie de colchón y con mucho cuidado la puse en el pozo, seguía rezando y no le sacaba la vista de encima, para terminar con todo de una maldita vez le tire un poco de agua bendita mientras le rezaba, en ese preciso momento se escuchó claramente como si la porcelana se rajara, no me atreví a alzarla para ver donde se había roto. Segundos antes de comenzar a enterrarla pude ver como de entre su ropa salían muchas hormigas negras, me impresiono ver eso, pero interiormente sabía que todo había terminado.
Volví a mi casa y me dormí ya del cansancio, pasaron los días y ya no pasaba nada en especial, con el tiempo me auto convencí de que nada había pasado hasta hace unos días, en el que fui a visitar la tumba de mi abuela. Mientras le dejaba flores y limpiaba el lugar llego justo una vecina, me saludo con mucho afecto, charlamos de lo amigas que eran y de lo mucho que se hacía extrañar. No recuerdo como salió el tema de conversación, pero yo escucho tu programa todos los viernes y esta señora casualmente también, en el momento que hablábamos del programa, justo un momento antes de despedirme esta señora me dijo que le pase misa a mi abuela, porque en estos últimos días ella escucha como que una mujer llora, el sonido proviene de la casa de mi abuela, algunas veces el llanto es más fuerte en la madrugada y proviene del fondo.
Fin.
Leyendas Urbanas de Perico
Hoy: La copa
Hola, esto me paso hace mucho tiempo. Siempre que trato de olvidarlo todo vuelve a mí en sueños. La vez pasada escuchando su programa sobre los demonios recordé todo y viendo que mucha otra gente se anima a contar sus experiencias, me anime a contarte mi vivencia.
Estaba de vacaciones en santa fe (mi papa es de ahí) íbamos a vacacionar por una semana, la clásica escapada, en ese momento yo estaba en la secundaria. Habíamos viajado mis viejos y yo nomas, mi hermano se había quedado cuidando la casa.
Apenas llegamos, nos recibieron con asado, charlas y bueno, las promesas de ir a pescar o cualquier actividad que quisiéramos, mi papa es el hermano mayor de su familia, por lo que siempre que va o vamos, nos tratan demasiado bien.
Al segundo día de estadía, mis tíos programaron una salida con mis viejos, pero en esa salida los hijos no estábamos incluidos, me llevaron a la casa de uno de mis tíos, como es de buen pasar económico tiene una casa bastante amplia y en la zona más exclusiva, era yo y 4 primos más, nos compraron comida y quedamos a cargo de su casa.
Mi prima, hija del dueño de casa había invitado a unos amigos, estaban en la clásica reunión de compañeros de escuela, yo junto a mis otros primos miraba la tele, disfrutaba estar ahí. Durante un rato largo, además de las charlas nos prendimos con una película, durante una pausa, note que ya no se escuchaban las risas de los chicos que en ese momento se encontraban cerca de la pileta, en un quincho que tienen ellos, para fiestas, asados, etc.
Me pareció normal, ya estaban en la edad de querer ponerse de novios y tal vez, esa reunión era para formar alguna pareja o conocerse. No quería interrumpir, pero en el momento que me iba a la cocina a sacar una gaseosa me percaté de que el quincho estaba a oscuras, veía algo de luz, pero no era luz eléctrica, así que me tuve que ir a donde ellos para hacerle una recomendación por si llegaba mi tío y estaban en alguna situación que seguramente no le gustaría y por ende me llevaría el reto. Conforme me iba acercando oía que hablaban en voz baja, los vi sentados como en una ronda, una fogata, o eso asumía. Estaban jugando el jueguito de la copa, las luces eran de 2 velas que no se quien había llevado ya que al parecer estaba todo organizado.
Confieso que tengo miedo y siempre creí en los fantasmas, duendes y demonios, pero en ese momento solo pensaba en entrar de golpe y asustarlos, pienso que en mi idea de querer caerles bien la quería jugar del primo piola, el chistoso. Eso hice, entre de golpe, al grito de ¿Qué están haciendo? Los sorprendí, todos se dieron vuelta, las chicas gritaron y los muchachos solo me miraron rápido, con cara de querer insultarme.
Antes de que pudiera decirles algo, ellos mismos se levantaron, apagaron las velas y prendieron las luces. Mi prima me abrazo y me agradeció que apareciera en ese momento, me dijo que sentía mucho miedo. En mi afán de querer hacer más amigos les quise ayudar a levantar las cosas, mi error fue agarrar la copa, apenas la toque sentí como se partía, saque rápidamente mi mano, me mire para asegurarme de no haberme cortado, acto seguido mire la copa, solo se había rajado, en ese momento no me di cuenta, pero todos vieron lo que paso, apenas levante la mirada vi como todos me observaban.
Rato después de lo sucedido, me volví a ver la tele, pero ya no me importaba, estaba extrañado por lo que había pasado, mi prima me pedía que no dijera nada y eso hice. Mucho más tarde llegaron mis viejos con mis tíos, nosotros estábamos parando en la casa de mis abuelos, pero insistieron en que nos quedáramos esa noche ahí, al otro día, después del almuerzo nos llevarían a donde nosotros teníamos nuestras cosas.
Confieso que rápido me olvide de todo, dormí plácidamente, me levante temprano, me llevaron a pasear, la pase bien. Volviendo a la casa de mis abuelos tuve una sensación rara, me dio como una especie de ataque de nervios, sentía que en cualquier momento pasaría algo, pero no pasó nada. Pasaron los días y todo estaba de maravillas, hasta la noche anterior a volvernos. En mis sueños algo me asechaba, me perseguía pero por la casa de mi tío, como en casi todas las pesadillas, cuando eso que lo recuerdo como una nube negra estaba casi encima mío me decía “-Te tengo” y me agarraba de la pierna, me desperté muy asustado, pero lo hice en el mismo momento en el que los demás se levantaban, así que quise sentarme para ir al baño y lavarme. Apenas me pare, casi me caigo, se me doblaron las piernas, rápidamente me senté y al mirar mis pies, note cuna mancha roja en mi pierna derecha, mancha que después se transformaría en moretón, pero que se asemejaba a como si alguien me hubiera agarrado con tal fuerza que me había dejado esa marca.
Fuimos a tomar el colectivo, pedí un asiento del lado de la ventanilla, como el viaje era largo, llegaríamos acá al otro día. Esa misma noche, ya cerca de las 01 de la mañana, solo miraba la oscuridad del paisaje, pensaba en miles de cosas, no podía dormir y trataba de acomodarme en el asiento para intentar descansar. En ese momento un auto adelanto al colectivo, pude ver claramente como si una bruma negra flotara bajo mi ventanilla, primero pensé en que era homo de motor, pero con la velocidad de llevaba el ómnibus no me explicaba como eso se había mantenido por esos escasos segundos que lo pude ver por la luz del vehículo.
Llegamos muy cansados, yo solo pensaba en dormir y eso precisamente hice. Cuando me levante mi hermano estaba sentado en la computadora, no me miro, pero me dijo que me escucho hablar, decía cosas que él no entendía, como si hablara en otro idioma y al entrar en nuestra pieza vio como si una sombra estuviera junto a mí. Apenas termino de decirme eso, un escalofrío recorrió mi cuerpo, comencé a relacionarlo con el juego de la copa.
Me preguntaba cómo podía haber sido si yo no participe de esa sesión, tal vez sería mi mente la que me estaba jugando una mala pasada. Habían más preguntas que respuestas en mi cabeza, pero de una cosa si estaba seguro, no quería dormir solo.
Esa noche soñé que tocaban la puerta de mi casa, yo estaba sentado tomando café, como nadie fue a atender me levante y abrí la puerta, parado afuera estaba una persona vestida totalmente de negro, con galera, ojos muy rojos, colmillos amarillos en lugar de dientes que podía ver en esa sonrisa diabólica, esta “persona” se sacaba la galera como saludo y me dejaba ver sus cuernos, al mismo momento que me decía “-Ya llegue”. Me desperté creo yo gritando, transpiraba mucho, no sé si era el miedo o lo que había terminado de soñar, pero sentía que eso, lo que sea que fuere, ya estaba rondando la casa.
Mama es muy creyente (no saben cuánto agradezco eso) ella se asustó una mañana cuando volvía de hacer las compras y le pareció ver a un nene de 5 años aproximadamente que se metía corriendo a mi pieza. Lo fue a buscar y nada, ella casi inmediatamente se fue a la cocina, ahí tiene una imagen de la virgen, encendió una velita para comenzar a orar, decía que tenía mucho miedo, al momento de persignarse y con la puerta y ventanas cerradas, una ráfaga de aire frio no solo apago la vela, sino que también hizo que su radio se encendiera sola. A duras penas pudo orar, pero dice que podía sentir como si la casa temblara, por ese día, todo había terminado.
Mi papa nos retaba por caminar por el pasillo a la madrugada, mi hermano se negaba a muerte, yo no sabía cómo decirle que tampoco era el que caminaba a esa hora.
Mi computadora se prendía sola, hice cambiar la fuente y que la vea un técnico, no presentaba ningún problema, generalmente mi celular se quedaba sin batería apenas entraba a mi pieza, probé cambiándola por una nueva, el suceso se siguió repitiendo.
Mi hermano se estaba bañando cuando oyó que mama lo llamaba, salió y se dio con que todavía no había vuelto nadie. Papa dice que mientras se afeitaba vio como una sombra negra detrás de él, al voltear para ver, algo le soplo la oreja. Mama se sentía perseguida por el nene que había visto, oía risas, dijo sentir como un gruñido y gritos de dolor cuando cansada y asustada comenzó a tirar agua bendita por toda la casa.
Había momento en los que no recordaba que había hecho, hasta me asustaba tener momentos en los que sentía como que recuperaba la razón y me encontraba en otro lugar, sin saber cómo había llegado ahí.
Una mañana mama me despertó para que la ayude con unas bolsas medio pesadas, como de costumbre me di vuelta para dormir un rato más, ella volvió y comenzó a hablarme, le dije que ya me levantaba, desde la cocina comenzó a hablarme otra vez, antes de que llegue a mi pieza con sus reclamos me levante, con mucho sueño camine hasta la puerta, una vez que puse los pies fuera, sentí como que baja un escalón, como estaba todavía dormido no le di importancia, hasta que me di cuenta de que mi vieja ya estaba ahí, pero ella solo estaba con la boca abierta, solo me miraba.
Con mala gana le dije que ya está, ahora si ayudaría con esas bolsas, ella solo atino a persignarse y volver a la cocina a rezar. No entendía nada, fui a verla después de orar un rato con ella recién me conto. Ella dice estar casi segura de que yo caminaba pero en el aire, que cuando estuve frente a ella recién descendí, no me había dado cuenta, pero estaba como levitando.
Recuerdo la gran junta que se hizo después, mis viejos y mi hermano hablaban de lo que les estaba pasando (por mi culpa) resulta que el televisor se encendía solo también, los celulares de repente enloquecían, se apagaban solos, o comenzaban a sonar como si alguien los estuviera usando, habían bajones de luz, por las mañanas las sillas estaban fuera de lugar, en casa nadie fuma, pero se podía percibir olor a tabaco, los vecinos preguntaron qué clase de animal tenemos dentro y en el fondo de mi casa, cuando no había nadie las luces se prendían y apagaban solas, algunas amistades dijeron que cuando llamaban por teléfono se podía escuchar como si alguien respirara en el tubo, o como si hubiera más gente hablando, risas.
Me llevaron al médico, nada, psiquiatra, nada, por ultimo a la iglesia, me recibió un sacerdote (no voy a decir quién) y reconozco que me daba aversión estar ahí, cuando el párroco me puso su mano en la cabeza sentí mucha ira, quería golpearlo, recuerdo que pensaba en decirle quien se cree para tocarme, tenía hasta la idea de escupirle, eso es todo lo que recuerdo, después de varias oraciones me dicen que caí desvanecido, me desperté en casa, había dormido todo un día.
Desde esa vez no volvió a pasar nada, tengo malos sueños pero eso es todo, en casa reina la tranquilidad, hasta el día de hoy mis viejos no saben cómo fue que me llego todo eso, llame por teléfono a mi prima y le conté todo, no sé cómo se lo habrá tomado, no le guardo rencor, más bien lo hice para advertirle, ese maldito juego debería estar prohibido, agradezco a Dios que esto no llego lejos. Por último, no sé si tendrá algo que ver con lo que me paso, pero en la última comunicación con mi prima ella me dijo que uno de sus compañeros, que había participado del juego se había suicidado, en el colegio estaban todos consternados.
Fin.
Hola, esto me paso hace mucho tiempo. Siempre que trato de olvidarlo todo vuelve a mí en sueños. La vez pasada escuchando su programa sobre los demonios recordé todo y viendo que mucha otra gente se anima a contar sus experiencias, me anime a contarte mi vivencia.
Estaba de vacaciones en santa fe (mi papa es de ahí) íbamos a vacacionar por una semana, la clásica escapada, en ese momento yo estaba en la secundaria. Habíamos viajado mis viejos y yo nomas, mi hermano se había quedado cuidando la casa.
Apenas llegamos, nos recibieron con asado, charlas y bueno, las promesas de ir a pescar o cualquier actividad que quisiéramos, mi papa es el hermano mayor de su familia, por lo que siempre que va o vamos, nos tratan demasiado bien.
Al segundo día de estadía, mis tíos programaron una salida con mis viejos, pero en esa salida los hijos no estábamos incluidos, me llevaron a la casa de uno de mis tíos, como es de buen pasar económico tiene una casa bastante amplia y en la zona más exclusiva, era yo y 4 primos más, nos compraron comida y quedamos a cargo de su casa.
Mi prima, hija del dueño de casa había invitado a unos amigos, estaban en la clásica reunión de compañeros de escuela, yo junto a mis otros primos miraba la tele, disfrutaba estar ahí. Durante un rato largo, además de las charlas nos prendimos con una película, durante una pausa, note que ya no se escuchaban las risas de los chicos que en ese momento se encontraban cerca de la pileta, en un quincho que tienen ellos, para fiestas, asados, etc.
Me pareció normal, ya estaban en la edad de querer ponerse de novios y tal vez, esa reunión era para formar alguna pareja o conocerse. No quería interrumpir, pero en el momento que me iba a la cocina a sacar una gaseosa me percaté de que el quincho estaba a oscuras, veía algo de luz, pero no era luz eléctrica, así que me tuve que ir a donde ellos para hacerle una recomendación por si llegaba mi tío y estaban en alguna situación que seguramente no le gustaría y por ende me llevaría el reto. Conforme me iba acercando oía que hablaban en voz baja, los vi sentados como en una ronda, una fogata, o eso asumía. Estaban jugando el jueguito de la copa, las luces eran de 2 velas que no se quien había llevado ya que al parecer estaba todo organizado.
Confieso que tengo miedo y siempre creí en los fantasmas, duendes y demonios, pero en ese momento solo pensaba en entrar de golpe y asustarlos, pienso que en mi idea de querer caerles bien la quería jugar del primo piola, el chistoso. Eso hice, entre de golpe, al grito de ¿Qué están haciendo? Los sorprendí, todos se dieron vuelta, las chicas gritaron y los muchachos solo me miraron rápido, con cara de querer insultarme.
Antes de que pudiera decirles algo, ellos mismos se levantaron, apagaron las velas y prendieron las luces. Mi prima me abrazo y me agradeció que apareciera en ese momento, me dijo que sentía mucho miedo. En mi afán de querer hacer más amigos les quise ayudar a levantar las cosas, mi error fue agarrar la copa, apenas la toque sentí como se partía, saque rápidamente mi mano, me mire para asegurarme de no haberme cortado, acto seguido mire la copa, solo se había rajado, en ese momento no me di cuenta, pero todos vieron lo que paso, apenas levante la mirada vi como todos me observaban.
Rato después de lo sucedido, me volví a ver la tele, pero ya no me importaba, estaba extrañado por lo que había pasado, mi prima me pedía que no dijera nada y eso hice. Mucho más tarde llegaron mis viejos con mis tíos, nosotros estábamos parando en la casa de mis abuelos, pero insistieron en que nos quedáramos esa noche ahí, al otro día, después del almuerzo nos llevarían a donde nosotros teníamos nuestras cosas.
Confieso que rápido me olvide de todo, dormí plácidamente, me levante temprano, me llevaron a pasear, la pase bien. Volviendo a la casa de mis abuelos tuve una sensación rara, me dio como una especie de ataque de nervios, sentía que en cualquier momento pasaría algo, pero no pasó nada. Pasaron los días y todo estaba de maravillas, hasta la noche anterior a volvernos. En mis sueños algo me asechaba, me perseguía pero por la casa de mi tío, como en casi todas las pesadillas, cuando eso que lo recuerdo como una nube negra estaba casi encima mío me decía “-Te tengo” y me agarraba de la pierna, me desperté muy asustado, pero lo hice en el mismo momento en el que los demás se levantaban, así que quise sentarme para ir al baño y lavarme. Apenas me pare, casi me caigo, se me doblaron las piernas, rápidamente me senté y al mirar mis pies, note cuna mancha roja en mi pierna derecha, mancha que después se transformaría en moretón, pero que se asemejaba a como si alguien me hubiera agarrado con tal fuerza que me había dejado esa marca.
Fuimos a tomar el colectivo, pedí un asiento del lado de la ventanilla, como el viaje era largo, llegaríamos acá al otro día. Esa misma noche, ya cerca de las 01 de la mañana, solo miraba la oscuridad del paisaje, pensaba en miles de cosas, no podía dormir y trataba de acomodarme en el asiento para intentar descansar. En ese momento un auto adelanto al colectivo, pude ver claramente como si una bruma negra flotara bajo mi ventanilla, primero pensé en que era homo de motor, pero con la velocidad de llevaba el ómnibus no me explicaba como eso se había mantenido por esos escasos segundos que lo pude ver por la luz del vehículo.
Llegamos muy cansados, yo solo pensaba en dormir y eso precisamente hice. Cuando me levante mi hermano estaba sentado en la computadora, no me miro, pero me dijo que me escucho hablar, decía cosas que él no entendía, como si hablara en otro idioma y al entrar en nuestra pieza vio como si una sombra estuviera junto a mí. Apenas termino de decirme eso, un escalofrío recorrió mi cuerpo, comencé a relacionarlo con el juego de la copa.
Me preguntaba cómo podía haber sido si yo no participe de esa sesión, tal vez sería mi mente la que me estaba jugando una mala pasada. Habían más preguntas que respuestas en mi cabeza, pero de una cosa si estaba seguro, no quería dormir solo.
Esa noche soñé que tocaban la puerta de mi casa, yo estaba sentado tomando café, como nadie fue a atender me levante y abrí la puerta, parado afuera estaba una persona vestida totalmente de negro, con galera, ojos muy rojos, colmillos amarillos en lugar de dientes que podía ver en esa sonrisa diabólica, esta “persona” se sacaba la galera como saludo y me dejaba ver sus cuernos, al mismo momento que me decía “-Ya llegue”. Me desperté creo yo gritando, transpiraba mucho, no sé si era el miedo o lo que había terminado de soñar, pero sentía que eso, lo que sea que fuere, ya estaba rondando la casa.
Mama es muy creyente (no saben cuánto agradezco eso) ella se asustó una mañana cuando volvía de hacer las compras y le pareció ver a un nene de 5 años aproximadamente que se metía corriendo a mi pieza. Lo fue a buscar y nada, ella casi inmediatamente se fue a la cocina, ahí tiene una imagen de la virgen, encendió una velita para comenzar a orar, decía que tenía mucho miedo, al momento de persignarse y con la puerta y ventanas cerradas, una ráfaga de aire frio no solo apago la vela, sino que también hizo que su radio se encendiera sola. A duras penas pudo orar, pero dice que podía sentir como si la casa temblara, por ese día, todo había terminado.
Mi papa nos retaba por caminar por el pasillo a la madrugada, mi hermano se negaba a muerte, yo no sabía cómo decirle que tampoco era el que caminaba a esa hora.
Mi computadora se prendía sola, hice cambiar la fuente y que la vea un técnico, no presentaba ningún problema, generalmente mi celular se quedaba sin batería apenas entraba a mi pieza, probé cambiándola por una nueva, el suceso se siguió repitiendo.
Mi hermano se estaba bañando cuando oyó que mama lo llamaba, salió y se dio con que todavía no había vuelto nadie. Papa dice que mientras se afeitaba vio como una sombra negra detrás de él, al voltear para ver, algo le soplo la oreja. Mama se sentía perseguida por el nene que había visto, oía risas, dijo sentir como un gruñido y gritos de dolor cuando cansada y asustada comenzó a tirar agua bendita por toda la casa.
Había momento en los que no recordaba que había hecho, hasta me asustaba tener momentos en los que sentía como que recuperaba la razón y me encontraba en otro lugar, sin saber cómo había llegado ahí.
Una mañana mama me despertó para que la ayude con unas bolsas medio pesadas, como de costumbre me di vuelta para dormir un rato más, ella volvió y comenzó a hablarme, le dije que ya me levantaba, desde la cocina comenzó a hablarme otra vez, antes de que llegue a mi pieza con sus reclamos me levante, con mucho sueño camine hasta la puerta, una vez que puse los pies fuera, sentí como que baja un escalón, como estaba todavía dormido no le di importancia, hasta que me di cuenta de que mi vieja ya estaba ahí, pero ella solo estaba con la boca abierta, solo me miraba.
Con mala gana le dije que ya está, ahora si ayudaría con esas bolsas, ella solo atino a persignarse y volver a la cocina a rezar. No entendía nada, fui a verla después de orar un rato con ella recién me conto. Ella dice estar casi segura de que yo caminaba pero en el aire, que cuando estuve frente a ella recién descendí, no me había dado cuenta, pero estaba como levitando.
Recuerdo la gran junta que se hizo después, mis viejos y mi hermano hablaban de lo que les estaba pasando (por mi culpa) resulta que el televisor se encendía solo también, los celulares de repente enloquecían, se apagaban solos, o comenzaban a sonar como si alguien los estuviera usando, habían bajones de luz, por las mañanas las sillas estaban fuera de lugar, en casa nadie fuma, pero se podía percibir olor a tabaco, los vecinos preguntaron qué clase de animal tenemos dentro y en el fondo de mi casa, cuando no había nadie las luces se prendían y apagaban solas, algunas amistades dijeron que cuando llamaban por teléfono se podía escuchar como si alguien respirara en el tubo, o como si hubiera más gente hablando, risas.
Me llevaron al médico, nada, psiquiatra, nada, por ultimo a la iglesia, me recibió un sacerdote (no voy a decir quién) y reconozco que me daba aversión estar ahí, cuando el párroco me puso su mano en la cabeza sentí mucha ira, quería golpearlo, recuerdo que pensaba en decirle quien se cree para tocarme, tenía hasta la idea de escupirle, eso es todo lo que recuerdo, después de varias oraciones me dicen que caí desvanecido, me desperté en casa, había dormido todo un día.
Desde esa vez no volvió a pasar nada, tengo malos sueños pero eso es todo, en casa reina la tranquilidad, hasta el día de hoy mis viejos no saben cómo fue que me llego todo eso, llame por teléfono a mi prima y le conté todo, no sé cómo se lo habrá tomado, no le guardo rencor, más bien lo hice para advertirle, ese maldito juego debería estar prohibido, agradezco a Dios que esto no llego lejos. Por último, no sé si tendrá algo que ver con lo que me paso, pero en la última comunicación con mi prima ella me dijo que uno de sus compañeros, que había participado del juego se había suicidado, en el colegio estaban todos consternados.
Fin.
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